El día de hoy, vi en los diarios una fotografía sobrecogedora del pequeño niño sirio Aylan Kurdi en la costa del pueblo de Bodrum, en la provincia de Mugla, Turquia, la fotografía muestra el cuerpo inerte de un menor de tan sólo 3 años, con su camisa roja y un short azul recostado sobre la arena. Según la nota periodística, el pequeño falleció junto con otros cuatro menores, entre ellos su hermano Galip de 5 años, en un intento de huir de los conflictos bélicos que azotan a los países de oriente medio —Siria, Irak y Afganistán—, dolorosa imagen.

¿Y cuál es la respuesta de #Europa ante esta tragedia? Discursos y sólo discursos, mientras tanto las imágenes de televisión, nos muestran largas filas de miles de refugiados que huyen del estado islámico, quien desde el 2011 en su guerra religiosa fundamentalista ha ocasionado la destrucción de sus hogares y lo peor de todo es que no se ve a corto plazo, la solución al conflicto bélico, mientras tanto fotografías como la de Aylan Kurdi seguirán apareciendo en los medios, con otros rostros, con otras historias de sufrimiento.

Sin embargo, esa situación no es distinta a la que viven los niños migrantes centroamericanos, que cansados de la pobreza y de la violencia que viven todos los días en sus lugares de origen, deciden, ya sea solos o junto con sus familias, emprender un largo camino desde Guatemala, Honduras o el Salvador hacia los Estados Unidos, a los cuales cada día se les suman muchos niños mexicanos desde alguna ranchería de Chiapas, Oaxaca o algún otro estado.

Según datos del Instituto Nacional de Migración en lo que va de 2015, dicha dependencia rescató a un total 11 mil 893 niños, niñas y adolescentes, de los cuales 5 mil 780 viajaban con algún familiar, precisando que de los niños rescatados 4 mil 29 tienen entre cero y 11 años de edad; y 7 mil 864 tienen entre 12 y 17 años, destacando que el 66% de extranjeros rescatados son adolescentes.

Cifras que sin duda son igual de frías y desoladoras como la imagen del pequeño Aylan, pues el dato duro sólo habla de los niños rescatados, pero no tenemos una idea clara de cuantos ángeles fallecen en su intento de vivir en un mundo mejor, ni cuántos de ellos son sujetos a redes de trata de personas para explotación sexual o laboral.

Hoy las noticias hablan de la tragedia migratoria que se vive en Europa, ocasionada por la guerra que se vive en medio oriente, en #México el tema lleva en la palestra muchos años, producto de estrategias cada vez más duras —militarización de la frontera—que empuja a los inmigrantes a buscar "rutas más inhóspitas" y, por tanto, más peligrosas (además de los asaltos y vejaciones que sufren en su camino por México a la frontera norte por pandillas y autoridades), sin que el gobierno mexicano tome una posición clara en defensa de los #Derechos Humanos de los migrantes.  

Esos ángeles deberían estar en sus escuelas o jugando en los patios de sus casas; con la sonrisa inocente que solo puede tener un niño; protegidos por los adultos; sin embargo, hoy esto no es así, esos pequeños tienen que enterrar sus sueños para escapar a un lugar supuestamente más seguro, el cual los recibe con muros, policías y gobiernos dispuestos a regresarlos a sus países de origen sin importarles en lo más mínimo que va a pasar con ello.

Ojalá este tipo de escenas conmuevan a los gobiernos, ojalá este tipo de imágenes  nos mueva a nosotros. Estamos a tiempo de exigir a nuestros gobiernos un cambio real en las políticas migratorias y de derechos humanos con el fin de poder darles esperanza y no represión a estos pequeños que junto son sus familias solo buscan un lugar en donde poder vivir en paz.