Según el Medico e Historiador chicano David Hayes-Bautista “se hablaba el español 81 años antes de que se hablara ingles en Jamestown. Se habla español en cantidad de pueblos; desde la costa atlántica hasta la costa pacífica”. Según estudiosos, es un mito creer que “lo mexicano” en la Unión Americana arranca apenas en el siglo 20. “De hecho había unidades hispano parlantes en la caballería de los Estados Unidos, de la Armada. De hecho, el primer Almirante de los Estados Unidos durante la Guerra Civil, era un latino bilingüe, bi-cultural, David Farragut”, asegura Hayes-Bautista.

Lo cierto es que aunque en las ultimas 2 décadas la migración mexicana ha variado en cuanto a su perfil, para dejar de ser casi exclusivamente varonil y campesino, quienes siguen llegando al campo estadounidense a la llamada pizca, se someten a una realidad tormentosa; ya que dentro del marco de la ley de la Unión Americana, la mayoría vive en condiciones de esclavitud: jornadas de trabajo de 10 o más horas bajo la inclemencia de la naturaleza, poco tiempo para descansar, mal comidos, mal dormidos y mal pagados; las mujeres, peor aún, abusos sexuales y laborales. Sí, pero esas circunstancias dentro del marco de las leyes mexicanas, de acuerdo con los propios campesinos, hombres y mujeres, “son menos peores”. “Por eso venimos” –dicen-, “nada puede ser peor que jodernos igual o más y ganar una miseria y en pesos; aquí de perdis mandamos unos dolaritos a nuestros seres queridos y a veces, cuando vamos a visitarlos, hasta nos tratan como héroes”. Un jornalero agrícola gana entre 10 y 12 mil dólares anuales, según sea caso, de acuerdo con la Unión de Trabajadores Agrícolas, (UFW).

Desde los años cuarenta, con el Programa Bracero, los pesticidas ya estaban presentes, así como sus consecuencias y los reclamos de los campesinos. De acuerdo con cifras de dependencias de Gobierno y de salud de Estados Unidos, más de 2 millones de campesinos, la gran mayoría mexicanos, sufren la exposición todos los días de químicos venenosos que absorben a través de la piel, de la boca, de la nariz y de los ojos. “Imagínate cuantas veces nos bañaron de pesticida; hasta cuando estamos comiendo, le pasan poniendo pesticida con el avión. Imagínate. Y nomas por la necesidad seguimos trabajando” dice Andrea Cabrera, una de miles y miles de campesinos en California; “yo sé que ya no estoy bien de mis pulmones” asegura. De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), un promedio de 20 mil campesinos al ano son reportados con enfermedades derivadas probablemente de los pesticidas.

Virginia Ruiz, Directora Ambiental de “Farworkers Justice” aseguró que “dependiendo del tipo de pesticida –es el daño-. Hay algunos que afectan el sistema nervioso, la memoria y otros que dan problemas a largo plazo”. Y ella misma confirmo que en años recientes han seguido naciendo “algunos niños sin brazos y sin piernas a causa de eso” de los pesticidas en distintas partes de Estados Unidos, en mujeres campesinas. En la Unión Americana existen más de 17 mil productos pesticidas registrados y unos 800 mil ingredientes activos relacionados con esto, el 76% de los plaguicidas son aplicados en la industria agrícola de ese país; de acuerdo con EPA. Lo peor, dice Mily Treviño, quien desde los 8 años hace labores en el campo, “es lo que sucede sin que nadie haga algo verdaderamente importante, las personas mueren”.

Arturo Rodríguez, Presidente la Unión Trabajadores Agrícolas o “United Farm Workers”, ese que fundara y diera tanto nombre y poder el mexico-americano Cesar Chávez; asegura que “siguen llegando trabajadores del campo desde México y Centroamérica, sin hablar inglés y sin conocer sus derechos”. Les toma tiempo hacerlo, pero muchas veces aunque lo sepan, se conforman, dicen los estudiosos del tema “porque volvemos a lo mismo; les va menos peor que de donde vienen”. ¿Sera cierto? #Racismo