La comida que sirven en los aviones sigue siendo una de las peores según los consumidores. Y eso que esfuerzo, tiempo, dinero y ganas le ponen...

Así son los platos de las clases más caras en Singapore Airlines: Un panecillo, una porción individual de mantequilla, un plato alargado con pasta o arroz en un lado, cuatro verduras demasiado cocidas y carne camuflada detrás una salsa a la otra. Y de postre, un trozo de tarta prefabricado.

Esto es lo que suele aparecer bajo el plástico que protege las bandejas de menú de los aviones. Escaso, poco atractivo y sin posibilidad de cambios.

"La comida en tierra no es lo mismo que en el aire. Con los cambios de presión y de altura los sabores se pierden, por lo que tenemos que preparar los platos más fuertes para que a bordo del avión tengan el gusto que deben tener", explica Hermann Freidanck, director de Alimentación y bebidas de Singapore Airlines, una de las compañías más cuidadosas a la hora de decidir y preparar la alimentación de los pasajeros. "No somos un restaurante volador", admite, "nosotros no sabemos qué querrá la gente, pero tratamos de acomodar el servicio al tipo de pasajero y el destino del avión".

Y si no lo consiguen no es porque los profesionales que hay en los fogones de la aerolínea asiática no se esfuercen. Para decidir los menús Freidanck trabaja con nueve chefs elegidos que representan un tipo de cocina diferente de todo el mundo. Cada cuatro meses se cambia la carta; cada temporada suman 3,500 platos diferentes, y la base de datos del ordenador donde almacenan las propuestas acumula 25,000 platos. Los vinos también reciben un trato similar, con tres asesores reconocidos que seleccionan las botellas que se servirán en la nave.

"A bordo del avión el ambiente es muy seco y en las largas distancias la mucosa se reseca y se pierde el gusto", continúa Freidanck, "y esto son aspectos a tener en cuenta en el momento de elaborar las comidas. Hay vegetales que no aguantan tantas horas en seco, el pescado debe tener más textura y sabor, lo que conlleva escoger muy bien los alimentos". 

"La espera y el espacio son las principales dificultades con que nos encontramos", reconoce el chef alemán. Las aerolíneas diseñan los platos, pero trabajan con catering ubicados cerca de los aeropuertos que son los encargados de ejecutar lo que las compañías les piden y los que les sirven a bordo. Una vez elaborado, los platos se enfrían inmediatamente hasta que suben al avión para evitar la acción de las bacterias. Cada servicio se prepara y se embala el día anterior al vuelo y una vez dentro del avión se calienta unos 20 minutos antes de servirlo.

Pero no parece que sea así para todos... los pasajeros de primera categoría disfrutan de vajilla de cerámica y de manjares como crema de setas, solomillo o un buen risotto. En las filas de asientos que hay detrás de la cortina divisoria no hay tanta delicadeza, pero se respetan unos estándares de calidad y se tiene en cuenta cualquier tipo de alergia e intolerancia.

La calidad gastronómica de comidas ya la puso sobre la mesa la compañía Iberia hace un tiempo, cuando contó con el asesoramiento de Sergi Arola. La colaboración duró cinco años y desde el año pasado son cuatro chefs prestigiosos los que deciden los menús de las butacas preferentes: Dani García, Paco Roncero, Ramón Freixa y Toño Pérez. Habrá que ver si esta influencia llega a los pasajeros de clase turista. #Nutrición