Tuve por tío a un sabio de nombre Joaquín Antonio Peñalosa. Sacerdote Jesuita que radicó la mayor parte de su vida en San Luis Potosí. Se preocupó mucho en especial por los niños pobres. Fundó en aquella ciudad una institución de nombre El Hogar del Niño, misma que al día de hoy sigue existiendo. Pasaron por dicha escuela más de 40 generaciones. Al morir en 1999 todo se convirtió en tristeza y agradecimiento de cientos de miles de mexicanos.

Además de cura era poeta, profundo conocedor del personaje Sor Juana Inés de la Cruz. Escritor, capellán de los toreros, filósofo y por su sangre española corrían grandes conocimientos en relación a los buenos vinos.

Bajo de estatura portando cada vez su boina, redondo, siempre caminando rápido y no dejando de cantar para él mismo canciones de su infancia aprendidas al interior de una familia radicada en Segovia, España.

Recuerdo una de tantas tardes en que lo visité, luego de charlar y merendar, cuando después de despedirme y ya camino a mi automóvil de pronto me hizo detener. Me miró sonriente y travieso para luego preguntarme: “Toñete ¿sabes bien qué es el amor…?” Yo confuso le contesté “y bueno tío, por supuesto que lo sé…” “¿Estás seguro…?” insistió. Yo entonces me limité a decirle “si”. Entonces luego con cierta picardía me disparó “Piénsalo, te lo dejo de tarea…”

Así entonces transcurrieron 30 días. De pronto interrumpía las charlas y con cierta picardía insistía con su pregunta. Por mi parte le daba respuestas de todo tipo: románticas, filosóficas, en forma de poemas ¡qué se yo! Él solo sonreía al punto de yo pensar que se estaba burlando de mí. Bravo entonces lo reté y le reclamé “Bueno tío ¿de qué se trata? ¿estamos en el juego del gato y el ratón…?” “¡No hombre, lo que pasa es que te estás haciendo muchas bolas! Mira, amor es igual a una sola palabra, esta es: res-pe-tar”.

De mi parte me sentí confuso y le confié que no lo entendía, al grado de expresarle que en mi opinión estábamos hablando de palabras muy distintas.

Procedió entonces a explicarme: “si tu aceptas a una persona tal como es, sin pretender cambiarla y además le regalas buena voluntad; es muy probable que dicha persona te acepte y además te retribuya y lo agradezca. Pero y bueno si aún así, la persona te responde mal, tú mientras tanto sigue aceptándola como es, no trates de cambiarla, regálale buena voluntad y simplemente apártate de ella”.

Continuó: “si tantas veces no podemos cargar nuestros propios problemas ¿qué vamos a ganar echando más peso a nuestras espaldas…?” Agregó: “los seres humanos muchas veces confunden el amor en razón de tener temor a quedarse solos. De ahí entonces que en su acción de dar, lo que en la práctica están haciendo es comprar. Igual a tus hijos, a tu esposa, a los que necesitas como amigos y más…”

Debo confesar que lo dicho por mi tío me resultó muy fuerte y difícil de asimilar. Su reflexión me puso a pensar con profundidad para luego terminar convencido y aceptándolo.

Hoy día me sigo preguntando ¿cuántas veces confundimos el amor y pretendemos demostrarlo a sabiendas que en el fondo si somos sinceros, guardamos en el sub consciente además del miedo a la soledad, también la sensación de que estamos faltos de reconocimiento?

Igual a como me lo dijo mi tío, lo antes expuesto se los dejo de tarea.

@ap_penalosa #México