La guerra de Vietnam en la medida en que se prolongó, fue atrapando a USA en un círculo vicioso. Cada día se fue modificando su plataforma productiva al punto que para los años ‘60 en el plano de lo doméstico, además de requerir cada vez más importaciones, sus mercados de exportación se iban reduciendo seriamente. Su industria se veía obligada a hacer uso de su capacidad de fabricación para satisfacer las demandas crecientes derivadas de dicha guerra.

A manera de ejemplo podemos acudir a la industria automotriz. El ejercito de USA requería que sus plantas produjeran cada día más jeeps, tanques de guerra, etc., todo en detrimento de la producción de automóviles, camiones y más que además de satisfacer el mercado interno, antes además generaba excedentes para ser llevados a mercados de exportación.

Siendo presidente Richard Nixon, sus asesores, entre ellos Henry Kissinger , alertaron a su gobernante en relación a una fuerte crisis económica respecto de la cual se hacía obligatorio un cambio de estrategia pero cuidando que la suspensión del conflicto no fuera a ocasionar la afectación de las fuentes de trabajo. De ahí entonces la famosa frase en 1972 de “más vale una derrota con dignidad…”

Mientras tanto, conforme USA se veía más inmerso en dicha problemática, perdía mercados que abrían las puertas a la producción de vehículos europeos y asiáticos principalmente. De manera que llegó el momento en el cual de cada 10 transportes que adquirían los americanos, 6 provenían del extranjero.

La competencia en contra de USA se abastecía de sus propios hidrocarburos a más de otros que llegaban principalmente de los países árabes. Francia, Alemania, Holanda, Inglaterra, etc. descansaban en mucho su productividad en el petróleo adicional traído del medio oriente.

El dilema se resumía en lo siguiente: si abandonamos Vietnam el desempleo crecerá por el cierre de muchas plantas productivas a menos que nos preparemos para continuar fabricando buscando sustituir lo bélico con lo doméstico. De ahí entonces promover una guerra asociados con Israel que prevea la intervención de los países árabes, mismos que cuentan con solo una arma: el petróleo.

Y así sucedió. En 1967 durante la famosa guerra de los 6 días, al ver los árabes que los europeos apoyaban a Israel víctima del ataque perpetrado en el día del Yom Kippur, a manera de castigo echaron mano de su herramienta más poderosa: la suspensión de ventas de su producto.

USA en la medida que sus competidores sufrían la ausencia de continuidad de sus ventas, afectadas por efecto de la falta de hidrocarburos, poco a poco se fue recuperando y rescatando los mercados que antes había perdido. Así entonces en el ámbito internacional por efecto de la escases, el precio del petróleo alcanzó niveles record.

Hoy día el mundo está entrampado en su economía debido a las terribles bajas en el precio del petróleo. Si a eso añadimos las crisis en otras partes del mundo como son el caso de Grecia, España, Venezuela y varios más, es de temer que la búsqueda de un nuevo equilibrio en la economía mundial se derive de la promoción de nuevas guerras ¿Siria? ¿Corea del norte…? Al tiempo. #México