Antonio López de Santa Anna era muy inteligente y afamado militar. A la vez simpático como buen jarocho, pero oportunista, taimado, ambicioso, déspota y traidor. Cuando se llevó a cabo la coronación de Iturbide para la cual no fue invitado, se las arregló para confundirse entre los asistentes y así lograr estar cerca de él.

Estando Santa Anna en el puerto de Veracruz por ordenes de Iturbide, y con la consigna de tomar presos a los españoles que se organizaban en su contra, el primero pactó con estos últimos a fin de obtener su apoyo para derrocar al emperador. Los allegados de Don Agustín, entre ellos José Antonio de Echávarri, le advirtieron al darle parte de ello cuando lo alcanzaron en la ciudad de Orizaba.

Luego de escucharlos, Iturbide ordenó se hiciera llamar a Santa Anna con el pretexto de acordar, procurando evitar que en el segundo surgieran suspicacias.

Al arribar Santa Anna al lugar de la cita y después de hacerse anunciar, se percató que Iturbide entablaba una entrevista con otros personajes. El emperador lo había observado de reojo y sin darle mayor importancia continuó las conversaciones.

Mientras tanto a Santa Anna se le hizo fácil tomar asiento sin imaginar que de Echávarri se acercaría a él para advertirle que nadie en presencia del señor estaba autorizado para sentarse a menos que él lo autorizara ¡Imaginen el enojo por la falta de consideración a su investidura lo que se suscitó en el ánimo de Santa Anna!

Después de terminado el encuentro, entonces sí Don Agustín se acercó a López de Santa Anna y le regaló con su trato una aparente confianza y efusividad. No obstante dicho militar se sentía furioso y humillado jurando a sus adentros que tomaría venganza. Su soberbia le había envenenado el alma.

Cuidando Iturbide que Santa Anna hiciera de lado sospechas, le hizo saber que había tomado la decisión de mantenerlo más cerca de él en razón de su capacidad, nacionalismo y confianza que le tenía, y en virtud de las condiciones en que se encontraba la ciudad de #México.

Santa Anna receloso lo escuchaba y en su interior elucubraba un pretexto para retornar nuevamente a Veracruz a efecto, según él, de rescatar y trasladar sus pertenencias a la capital. Todavía Iturbide denotando un exceso de inocencia, sacó de su bolsillo dinero personal suficiente para sufragar los gastos.

¡Justo en esos momentos se escribía una historia de México con una trascendencia tal, al punto que nuestra patria años después se encontraría amputada en un 53% de su territorio. El resto iría a parar a favor de USA.

Luego del encuentro, Santa Anna tomó su caballo arrancando a gran velocidad y desde lo alto de una cima se detuvo gritando a viva voz maldiciones y jurando que se vengaría.

Una vez llegado al puerto, Santa Anna convocó a la población y arengándola se declaró el nuevo líder del país haciéndose sujeto de muestras de apoyo por parte de sus paisanos.

Hoy el que suscribe se pregunta ¿qué sería ahora de México si en lugar de Santa Anna hubiera llegado a gobernar algun nacionalista con aplomo y capacidad…?

Ahora bien, no culpemos de todo lo anterior a don Antonio. El congreso en aquel entonces constituido por una mayoría burguesa, además de indigno estaba sumiso a quien se hizo llamar "su alteza serenísima" al punto de concederle todo tipo de canonjías y reelecciones.