Crece el rumor en el sentido de que Maximiliano de Habsburgo no fue fusilado al lado de los generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía en el Cerro de las Campanas en Querétaro.

Dice el escritor don Armando Fuentes Aguirre en su obra La Roca y el Ensueño, que a pocas horas de la ejecución, el general Mariano Escobedo quien no obstante trabajar a las ordenes de Benito Juárez, urdió un plan para que Maximiliano pudiera escapar. Otros historiadores cuentan que no obstante las facilidades que Escobedo le brindó, Maximiliano por compañerismo se negó a aceptar dicha oportunidad.

Se han venido suscitando cada vez más discusiones respecto a si Juárez, masón como Maximiliano, finalmente por presión de sus hermanos decidió perdonar la vida a este ultimo siguiendo los principios masónicos que se dictan y que en este caso implica que la vida de cada uno de ellos se debe respetar. Víctor Hugo en carta enviada a Juárez lo urgía a guardar aquel principio.

Maximiliano era más liberal que el propio Juárez. El pueblo pasó a quererlo cada día más. Dicho emperador se fue enamorando de nuestro país al grado de declarar sentirse más mexicano que austriaco. Su idioma original, el alemán y una de sus características físicas un larga y tupida barba.

La semana anterior a su fusilamiento asistió a una fiesta la cual culminó con una quema de fuegos artificiales. Uno de los cuetes fuera de control fue a parar tan cerca de Maximiliano al punto de quemarle la mitad de su barba. De aquí la primer pregunta ¿por qué en las ilustraciones y fotografías exhibidas del fusilamiento, la persona que aparentemente era el emperador lucía una barba completa…?

Juárez nunca aceptó negociar a propuesta de Maximiliano y jamás antes se encontró con él. Lo conoció ya muerto en el lugar en que depositaron su cuerpo a efecto de embalsamarlo. La labor del médico de apellido Licea a cargo de lo anterior, fue igual a la de un carnicero.

El color de los ojos del emperador era azul. En cambio los del cuerpo que Licea embalsamó café. Fue tanta la carnicería, al punto de pedir el médico que le entregaran los ojos azules insertos en una estatua de Santa Ursula para sustituir con ellos a los que contenía el cadáver.

Luego de fusilado, en medio del estertor, el testigo oficial del episodio dijo que segundos antes de fallecer balbuceó la palabra “hombre”. De aquí el cuestionamiento ¿Es lógico pensar que una persona próxima a morir se exprese en idioma distinto al que corresponde a su nacionalidad…?

Después de un segundo embalsamamiento, se preparó el cadáver y se autorizó se enviara a Austria. Se cuenta que la madre luego de haberlo observado reclamó y ordenó que lo llevaran a otra parte dado que según ella, no correspondía al cuerpo de su hijo.

En 1871 a 4 años del suceso, en la hoy Republica del Salvador apareció un misterioso personaje que se dijo llamar Justo Armas. Convivió con la alta sociedad de la región quien lo recibió con simpatía. Vestía al estilo de la aristocracia europea y sus modales denotaban que provenía de la realeza. Caminaba descalzo por una promesa que hizo a la Virgen del Carmen, gracias a la cual según decía había salvado la vida.

Don Gregorio Arbizú fungía como vicepresidente de aquel país. Su amistad fue muy estrecha con Maximiliano, al grado de darle alojamiento en su propia casa.

Luego de su muerte, el Habsburgo heredó a favor de los Arbizú sus bienes, los cuales incluían vajillas, cuchillería, mantelería, condecoraciones, muebles de colección austro-húngaros y más, todos exhibiendo el escudo imperial de la bandera mexicana.

@ap_penalosa #México