El que suscribe nació en un hogar de clase media en #México. Hijo de padres católicos en extremo acordes con la tradición. En mi casa mi padre me hizo tener pavor a la masonería y desde primaria hasta la preparatoria estudié en una escuela religiosa que en mucho me formó en lo académico pero a la vez me hizo víctima de prejuicios.

Recuerdo con gran afecto a mis maestros, la mayoría Hermanos Maristas a quienes debo una buena parte de mi educación y mis conocimientos. Disfruté en mucho la forma como me impartieron la historia de México. Sin embargo cuando ingresé a la UNAM descubrí que en algunos capítulos se me había manipulado.

Para mí la universidad en el primer año todo era confusión en mi interior. De entrada fue hasta aquel momento en que compartir con mujeres me causaba temor por no estar acostumbrado a convivir con ellas. Igual me sentía inseguro frente a compañeros y maestros muchos de ellos con tendencia hacia la izquierda. Poco a poco me escandalizaba en la medida de internarme en un ambiente en el que Mao, Marx y Engels estaban entre los principales sabios a seguir.

Soy economista. Estudié en la Facultad de Economía de la UNAM generación 1967/71. Fui un poco a ciegas activista en el Movimiento del ’68. Mi padre me prohibió participar en dicho conflicto con el argumento de que a mi edad y mi falta de madurez no tenía la capacidad de cuestionar al Gobierno. Me decía “cuando se es alumno se estudia y no se está capaz para cuestionar a la autoridad”.

 Al principio me revelé pero conforme el fenómeno crecía me daba cuenta que no tenía ninguna capacidad de aportar, por lo mismo decidí mejor observar a sabiendas de que no tenía opciones para sacar conclusiones.

Así como me acercaba a pedir consejos a maestros de la congregación marista, igual acudía a profesores de la misma facultad tanto de izquierda como de derecha con el objeto de confrontar para caer en mis propios razonamientos. De ahí entonces confirmar lo que me decía mi padre, pero con ello sintiendo cierta desconfianza en torno a lo que se me enseñó desde la primaria hasta la preparatoria especialmente en materia histórica.

No cabe duda que la UNAM me humanizó. Gracias a excelentes profesores que ahora recuerdo con respeto y afecto logré ubicarme en un justo medio. De muchos de mis compañeros y compañeras ni hablar. En ese mundo las diferencias sociales y económicas dejaban de existir para dar paso a un ambiente en que la discusión daba paso a la eliminación de muchos prejuicios que había venido arrastrando.

Recuerdo como si fuera ahora a exponentes como Jorge L. Tamaño, Vicente Lombardo Toledano, Solon Zabre Morel y algunos más de la extrema izquierda sin hacer de lado al Maestro Botas. Notaban en mis participaciones mis inseguridades, miedos y enojos  después de tomar conciencia de que figuras como Hidalgo, Morelos, Juárez, etc. Me los habían exhibido como perversos y satanizados.

Hoy día y luego de muchos años de estudiar en torno a historia de México, encuentro dos obstáculos para tomar conciencia de la real verdad, estos son la historia oficial de México que denota tintes políticos y manipuladores, así como textos promovidos por la Iglesia que induce al que los lee a darse cuenta que en nuestra nación vivimos entre dos extremos a saber: una historia oficial que ha dado apoyo y justificación al PRI y otra fanática religiosa propia de un conservadurismo que hace que los que la estudian se denoten también en extremo apasionados y arbitrarios.

La iglesia también es una institución obligada a coadyuvar a favor de la verdad.

@ap_penalosa