Los preparativos para las elecciones presidenciales en Estados Unidos han resultado ser, hasta ahora, bastante controversiales: el discutido empresario Donald Trump encabeza las encuestas nacionales en el campo republicano, mientras que, por la parte demócrata, el Senador y “socialista” Bernie Sanders desafía vigorosamente la candidatura a la Presidencia de Hillary Clinton. Al parecer, el juego político para el puesto más alto de la política estadounidense se está desarrollando en gran parte en los extremos del terreno electoral. El éxito, sin embargo, podría encontrarse en el amplio centro moderado.

La división: una herencia del pasado

Históricamente, Estados Unidos siempre se ha caracterizado por ser una sociedad divida. Un recorrido de Harlem al barrio afluente de Upper East Side en Manhattan (Nueva York) pone claramente en manifiesto diversos problemas de la sociedad estadounidense: altas tasas de desigualdad socioeconómica, grandes diferencias de calidad en el sistema educativo y de salud, y la persistencia y emergencia de diversos grupos extremistas con motivos raciales.

No obstante, la persistente desigualdad socioeconómica y otros factores de división no son caracterísiticas exclusivas de este país, sino más bien, es la historia de la raza humana. Ejemplo de esta problemática es la continua marginalización de los pueblos indígenas en América Latina. Entonces, ¿por qué se habla de una actual sociedad dividida en Estados Unidos? Una de las razones podría encontrarse en su sistema político y electoral.

Make America Great Again?

El problema no es la existencia de diversas corrientes ideológicas dentro de los partidos políticos, sino el creciente descontento con respecto al sistema político en sí; es decir, el #Gobierno y los líderes políticos tradicionales representarían sólo los intereses económicos y políticos del “1% más poderoso de la sociedad estadounidense”. Debido a tal fractura, este sistema político experimenta grados altos de abstencionismo, desencanto y populismo, cambiando, por lo tanto, las reglas del juego político. Ahí el fenómeno Trump, quién parece estar en camino a la nominación del Partido Republicano.  

La emergencia de un nuevo Estados Unidos

Hoy en día, ni los Demócratas ni los Republicanos pueden obtener mayorías electorales basándose fundamentalmente en sus regiones tradicionales de apoyo. Como resultado de los cambios demográficos, nuevos grupos políticos y económicos están surgiendo en la sociedad estadounidense. Característico de dichos cambios fue la llegada a la Presidencia de Barack Obama o el crecimiento de la representación política de los latinos.

Por lo general, ha sido el Partido Demócrata el que ha logrado capturar más votos de las “minorías” (latinos, afroamericanos y asiáticos). Las ideologías políticas del Partido Republicano hacen relativamente difícil presentarse como un alternativo atractivo para gran parte de las “minorías”, las cuales podrían obstaculizar su propio crecimiento y desarrollo. Una parte importante de la élite republicana, por lo tanto, tiende a apoyar la candidatura del “más moderado” Marco Rubio, tal vez considerado como la mejor alternativa ante Trump y el candidato demócrata.

La división y el cambio

La división política en sí no debería de ser percebida como una característica negativa, ya que en la política de una democracia, es un reflejo de la complejidad de su sociedad. El problema fundamental se presenta en el creciente descontento con respecto al sistema político y económico tradicional, así como la dificultad de los partidos políticos de capturar gran parte de los votos de las “minorías”. El riesgo esencial es que tales actitudes y desarrollos “extremos” puedan “institucionalizar” la división social, étnica, económica, política o cultural. El eventual ganador de las elecciones electorales debería centrarse en políticas moderadas basadas en el consenso, pero, al mismo tiempo, capturar y resolver el creciente descontento en la sociedad estadounidense.