La ONG ugandesa Kampisi Childcare Ministries denunciaba este lunes en los medios internacionales las desapariciones de personas en el país durante el pasado periodo electoral. Dicha organización, creada para la defensa de los niños susceptibles de sufrir abusos o ser víctimas de sacrificios rituales, relaciona múltiples desapariciones acaecidas en Uganda durante los últimos años con ceremonias de magia negra destinadas a conseguir poder y riqueza.

Según uno de sus portavoces, se han detectado varios casos relacionados con estas prácticas entre octubre y febrero en algunos de los distritos del centro del país. La asociación lleva varios años dedicada a contabilizar y sacar a la luz la existencia de estas prácticas, para el pasado 2015, por ejemplo, la cifra de muertes relacionadas con la brujería ascendería, según KCM, a doce personas (seis niños y seis adultos). También desde el Ministerio del Interior se habla de desapariciones y cadáveres mutilados, aunque en este caso se muestran más cautos en relación a sus posibles causas.

También en Guinea Ecuatorial, cuyas presidenciales se celebrarán este año 2016, han aparecido llamamientos destinados a alertar a las juventudes del país para que, en la medida de lo posible, se abstengan de acudir a los centros médicos privados propiedad de la familia Obiang. Se rumorea que se están realizando sacrificios en dichos hospitales con la intención de favorecer la reelección del actual presidente. Esto son sólo dos ejemplos, pero podemos encontrar casos parecidos en muchos otros países, no necesariamente africanos. 

La magia es algo inherente al hombre, uno de los principios ideológicos más fecundo y atemporal de la especie humana, fruto –a nuestro entender- de una incapacidad cognoscitiva, de la imposibilidad del hombre para entender todo aquello que sucede a su alrededor. Todas las culturas se nutren de historias que apelan a la magia como razón de determinados sucesos, siendo en muchos casos un componente de control social. Entre algunas poblaciones centroafricanas estas creencias se basan en el Evú; institución decisiva en cuanto al desarrollo de la magia por parte de humanos se refiere. La brujería pues empezó con la aparición del Evú. Este elemento es descrito como un ser vivo, una especie de parásito reptiliano que encontraría su morada entre las vísceras humanas. Generalmente se estima como un componente innato, aunque también es posible adquirirlo en vida. Para poder controlar el Evú de forma que pueda uno servirse de sus cualidades será necesaria una iniciación, la cual implicará, necesariamente, la realización de varios sacrificios de sangre.

Tradicionalmente, la brujería se inscribía como una institución contraria al equilibrio universal, como una fuerza quebrantadora que provocaba la muerte para recibir un beneficio individual. Esa era la razón por la cual la mejor forma de luchar contra esas fuerzas malvadas se tenía que desarrollar comunitariamente: la función de la comunidad era la de velar por el mantenimiento de las leyes de los antepasados, precepto indispensable para mantener el equilibrio. La pérdida de dichos referentes –la ética tradicional comunitaria- es la que, según nuestra opinión, habría auspiciado un incremento en las prácticas brujeriles,  un aumento que no deja de cobrarse sus cuotas en vidas de inocentes. #Derechos Humanos