Siempre he considerado que la industria editorial actúa a manera de una mafia. Exhibe obras en materia histórica que distan de la gran verdad. Si las redacciones resultan amenas y morbosas atraen a lectores cándidos que, lejos de aprender, solo se contaminan y confunden.

Recuerdo en mis tiempos en Coyoacán cuando salía a media mañana a disfrutar un cafecito, a tantos jóvenes que entre clase y clase se acercaban al mismo lugar. Portaban sus guitarras y mientras disfrutaban el suyo y, a manera de ensayo, terminaban deleitándonos con su música. Vivían un proceso de preparación para hacerse concertistas, que significaba un tiempo de 10 a 11 años.

Igual fui testigo de otros alumnos que estudiaban en la facultad de Filosofía y Letras con la ilusión de hacerse historiadores, poetas, escritores y más, para luego de terminada la carrera optar por una maestría que luego de la licenciatura les iban a significar en total 7 años. Luego de escucharlos o platicar con ellos me invadía una gran tristeza. Pensaba a mis adentros en la enorme falta de mercado de trabajo para aquellos grandes que finalmente terminarían como burócratas o taxistas.

Yo me pregunto ¿cuántos manuscritos presentados a una editorial bien escritos y respaldados se encuentran arrinconados o desechados por parte de las editoriales en razón de que su autor es un desconocido…? ¿Cuánta cultura dejará de percibir #México debido a la falta de promoción de ensayos valiosos generados por jóvenes que tienen la ilusión de sobresalir…?

Igual pregunto ¿Por qué las editoriales marginan el contenido educativo potencial de jóvenes que se han quemado las pestañas y que acaban viviendo de ejercer oficios en razón de ser ignorados a cambio de dar prioridad a uno que se dice historiador y que no es más que un morboso como el caso de Francisco Martín Moreno…?

México es un país que cada día produce más profesionales frustrados que se tienen que resignar a hacer de lado lo estudiado porque no se tiene espacio para dar cabida a auténticos artistas o historiadores que coadyuven a favor del acrecentamiento de la educación, y con ello más cultura a favor de nuestra nación.

Debo confesar que lo antes anotado es algo que me asusta. Tengo miedo que aunado a la corrupción, de la cual nuestra nación es víctima, los recursos que de ella se derivan no sean utilizados a efecto de prever presupuestos necesarios para dar cabida a una educación que nos permita engrandecernos.

Los corruptos no son solo los políticos con todas sus artimañas y demagogia. Igual lo son aquellos irresponsables que pudiendo hacer que su empresa aporte y brille a favor de nuestra nación, se someten a la batuta o al tintero de solo unos cuantos que por su popularidad son usados para atraer ganancias fáciles en lugar de dar espacios a jóvenes con potencial que podrían ampliar nuestro abanico cultural.

Así como existió una época de oro en la cinematografía mexicana que lució en el mundo en las épocas de los ’40 y los ’50, también hubieron personajes en otros rubros que desde esas mismas fechas y hasta ahora han pasado a la inmortalidad debido a sus grandes obras ¿Por qué entonces ahora limitarnos al no aprovechar el potencial de tantas personas opacas a las que no se les da la oportunidad de suplir el lugar de tantos que ya murieron?