Terrorismo, drogas, secuestros, una escala geométrica creciente de asesinatos y robos, fanatismos religiosos, miedo a los cines o a los estadios, en fin, todo ese transitar por la vida en el marco de una existencia que denota inseguridad y temor.

A lo largo del primer semestre de 2016 hemos sido testigos de la miseria humana de manera por demás trascendente. Algunas sectas conformantes del fanatismo musulmán han cobrado con cientos de vidas sus convicciones mesiánicas. Y es que cuando en un estado de guerra potencial se añaden además de dicho fanatismo los conflictos étnicos, el hacer de la vida corre de mal en peor.

Tampoco podemos hacer de lado la situación económica de países como Venezuela, en los cuales además de la miseria se impone la arbitrariedad de los gorilas que la provocan para sacar provecho de ella.

Desafortunadamente #México no está al margen de lo anterior. Solo que en su caso, por lo menos sus pobladores que no se inmiscuyen en tantas y tantas traperías, viven una relativa paz. Los carteles de las drogas, la temible y vergonzosa Sección 22 de los que se dicen maestros, la cobardía, corrupción y la demagogia, también afloran mientras observamos la pasividad o incapacidad de las autoridades, al punto de no armarse de valor para dar punto final a todos los males que nos agobian.

Con todo el panorama expuesto, varias veces cuestiono y a la vez  me asusta si el mundo está bien preparado y seguro como para dar una cabida exitosa a la olimpiada cercana a iniciar en Brasil. Espero de todo corazón que el evento transcurra tranquilo y no de pié a una tragedia más.

He tenido la oportunidad de viajar por muchas partes del mundo incluyendo a países ricos y poderosos. Igual he sido testigo de una pobreza tal en muchos países, de manera que si la sumamos a efecto de medir su totalidad bien nos damos cuenta que nuestro planeta está de cabeza. Existen muchos países pobres por su naturaleza, esclavos de una realidad que atormenta a tantos seres humanos que viven sufrimientos que agobia su sensibilidad.

También tengo la experiencia derivada de convivir en el ámbito del primer mundo, en el cual la economía y la comodidad son prosperas. No obstante en dicho ambiente se percibe un olor a soledad e indiferencia al percatarme que el concepto “familia” ha quedado en segundo plano. El padre trabajando y la madre defensora de su libertad haciendo de lado a los hijos presos un buen número de ellos del alcohol y de las drogas. Me pregunto “¿de qué sirve una buena economía mezclada con modernidad si finalmente los miembros de las familias no se aplican de lleno al significado de las mismas…?”

No cabe duda que una buena forma de valorar a nuestro país es viajando. Cada vez luego de tantos y tantos viajes que he realizado al extranjero, he tomado conciencia ya desde antes de abandonar el avión que me trajo de regreso que somos en extremo afortunados.

Nuestra posición geográfica resulta envidiable. Somos vecinos del país más poderoso del mundo lo cual beneficia a nuestras exportaciones. Contamos con todo tipo de climas, bosques, desiertos, litorales, etc. que hacen que nuestra agricultura, pesca y turismo, si mejor se promovieran, nos harían más autosuficientes.

Somos muy ricos en materia petrolera sin embargo no obstante eso nuestra economía no está dependiendo de solo los hidrocarburos.

Es enorme nuestro México a más de su superficie y en adición a lo anotado muchos ejemplos se podrían dar. Queda pendiente solamente que los mexicanos lo sintamos y sin caer en chauvinismos realmente lo valoremos.

@ap_penalosa