Encontré oportuno publicar nuevamente a recomendación de Facebook una nota que escribí hace un año en la cual resalto una realidad que se antoja ilustrativa, pero que a la vez molesta a un buen número de mexicanos. Dice: “¿Sabían que Alemania tiene menor superficie en comparación con nuestro estado de Chihuahua? y así es una de las cinco potencias más grandes del mundo”.

Otro comentario: los alemanes por su disciplina, firmeza y perseverancia desde los años formativos, se hacen más capacitados como adultos…”.

Por razones familiares y profesionales, el que escribe estuvo estrechamente ligado a aquel país durante un periodo de más de 12 años. Ya de por sí me sentía germanófilo. Si bien detesto y menosprecio el triste paso de Adolfo Hitler, no dejo de admirar la capacidad de los nazis durante la segunda guerra mundial, la cual estuvo a punto de ser ganada por aquellos gracias a ambiciosos y gigantescos esfuerzos que quedaron plasmados en resultados en prácticamente todos los campos, a saber, una industria militar que se reflejó en aviación por demás sofisticada, armamento ligero y pesado incluyendo tanques, barcos de superficie y submarinos, además de caprichosas e impresionantes construcciones que incluyeron bunkers gigantescos enclavados en montañas escarpadas y más.

Luego de ser tomada y sometida por los rusos y el resto de los aliados, de Alemania prácticamente quedó nada o solo piedra sobre piedra. Hoy día quien la visita y observa analizandola en detalle, no se explica cómo de pronto construcciones arrasadas como el caso de la catedral de Colonia, aún con las inclemencias de su clima, los teutones fueron capaces de reconstruirla acorde con sus planos originales. Y como ese monumento muchos más.

Recuerdo un mes de noviembre en que me encontraba en la ciudad de Kassel. En esa ciudad durante la guerra, estaba levantada la planta principal de la VW, misma que quedó hecha añicos. Eran mis invitados militares mexicanos de alto rango a quienes les serían entregadas las llaves de la ciudad. Harto ya de tanto protocolo, decidí escabullirme del montón para salir a la calle a fumar un cigarrillo. Hacía un frío insoportable y no me eran suficientes las prendas de invierno que portaba. Ropa interior de lana, traje de casimir para la ocasión, un pesado abrigo, bufanda, guantes, sombrero, etc. Se me acercó mí chofer y luego de contestarle a su pregunta respecto al clima que a mí en lo personal me azotaba, me hizo el siguiente comentario: “imagine Usted cómo serían las cosas en este lugar, cuando luego de la derrota, además de sufrir hambre con intensidad, lo único que nos calentaba era papel periódico con el que enredado a nuestro cuerpo podíamos de alguna manera sobrevivir…” En ese momento pensando en todo lo que nos regala #México, no dejé de sentirme de alguna manera avergonzado por mi falta de capacidad para valorar a mí país.

Existen quienes afirman que Alemania y el resto de los países europeos afectados por la guerra, lograron salir nuevamente adelante gracias al Plan Marshal. Yo solo en parte estoy de acuerdo con ellos. En mi opinión lo más determinante para que dichos países renacieran fueron el nacionalismo, el coraje, el amor al trabajo, así como la gran lección que les significaron las dos guerras.

Acaban de concluir las olimpiadas. De 4 medallas ganadas por mexicanos, 3 fueron a favor de militares, lo cual a mí me causa mucho orgullo. Pero ¿y qué en relación con los atletas civiles que también participaron…?” Tristemente poco o nada. Una vez más solo el “ya merito”. Quizá la mayoría también en ese renglón, de alguna manera víctimas de la corrupción y la mediocridad que nos caracteriza ¡Ni hablar…!

@ap_penalosa