Disfruto mucho cuando en Facebook se dan foros en los cuales los participantes regalan sus conocimientos y opiniones en relación a un tema trascendente. Surgen aportaciones de personas que se exhiben conocedoras sin pretender brillar entre tantos que solo buscan lucimientos. Estos últimos en su mayoría son pasionales y provocan que muchos que se habían integrado al ejercicio opten mejor por retirarse.

Yo mismo reconozco que cuando no estoy de acuerdo con personas que piensan distinto a mí de pronto me enfado y pretendo imponer solo mi pensamiento sin darme la oportunidad de mejor escuchar y reflexionar. Algunas personas  me brindan paciencia y me demuestran que han estudiado más que yo. Pasa luego un rato, me tranquilizo y me doy cuenta que es mucho más benéfico retomar contacto con quien en principio me molestó. Me disculpo, le pregunto, le pido fuentes y acabo agradeciendo su actitud y su paciencia.

Un ejemplo que nos puede ayudar a ilustrar en torno a lo anterior es Benito Juárez García. Mucho se ha escrito en torno a él y al mismo tiempo que se le eleva igual es sujeto de denostación. Confieso que cada vez que surge el tema en relación al benemérito, de inmediato reacciono y me avoco a insistir y a pretender imponer mi opinión acusándolo de usurpador, traidor y dictador. Y sigo cometiendo más errores que son propios de mi soberbia: me arropo en los que me apoyan y menosprecio a los que me contradicen esperando y confiando en las personas que estoy seguro me van a manifestar su apoyo. Ese es un error que debo reconocer y un camino para contribuir en el proceso de la deformación de la historia.

Me está claro y considero válido, que la historia despierta pasiones y que a partir de que inicia muchos que la escriben se muestran en extremo viscerales. De eso me percato cuando volviendo al tema Juárez, lo que escribió un liberal dista mucho de lo que apuntó un conservador. Ambos pretenden imponer su verdad y pocas veces se exhiben objetivos y realistas.

Pero lo peor de todo está en el hecho de que al centro de ambos extremos y tomando en cuenta la ignorancia de la cual somos víctimas muchos mexicanos, en este caso en materia de conocimiento de la historia, añadimos a otras historias deformadas en torno a un mismo tema la postura tendenciosa de aquellos que nos gobiernan ¿Qué panorama enfrenta #México cuando además de presidentes a los cuales solo les falta rebuznar, véase EPN, estos incluyen en sus gabinetes a secretarios de educación que solo se hacen de dinero inmerecido vía sueldos,  partidas por comisiones y otros, a cambio de solo estar ubicados en el ambiente político…?

Observemos nuestra desgracia: en las escuelas particulares la materia de historia se ubica en un plano secundario. Se imparte la materia desde el primer grado de primaria y se continúa hasta en parte del bachillerato. Pero irónico: los alumnos ya en la universidad, salvo excepciones, no saben de historia.

Por el lado de las escuelas oficiales pasa lo mismo que en las particulares, pero con la diferencia de que en este caso los más ignorantes y mediocres son los propios profesores. Y cuidado, en este grupo no estoy incluyendo dado que sería inútil y vergonzoso, a los que se dicen maestros siendo más bien delincuentes adheridos a sindicatos como la CNTE.

O sea: 1. Apenas surge la historia, esta se empieza a deformar según la opinión de quienes la escriben. 2. En México existen 2 historias, a saber: las plasmadas en los libros de texto oficiales a conveniencia del sistema y de la Iglesia. 3. En donde sí se sabe y se investiga cada día en torno a esa materia, tipo la UNAM y el Colegio de México, estas instituciones tienen mínima capacidad para dar albergue a los mexicanos con vocación y deseosos de aprenderla. En este párrafo podría incluir a otros grupos, pero basta con los anotados para darnos cuenta que en materia histórica nuestra patria está perdida.

@ap_penalosa