En cada país el mundo tendrá que girar aún al compás del crecimiento. Habrá teóricos nuevos turistas con la generación de chicos que se han formados al fuego lento de la tolerancia, la migración y la crisis económica y pese a todo, los Millenials se suman a la fuerza de trabajo sustituyendo a los viejos modelos de los noventa saciando y desbordando la oferta de trabajo profesional.

La familia que no fue la fuerza hace 20 años, regresa y se suma a la necesidad de divertimentos exigidos por jóvenes máquinas voraces de consumo. El planeta se resiste mientras la temperatura sube al máximo dando respiración a lugares que generalmente descansan entre la bruma.

Allá vamos en un vagoneta rentada algunos turistas y uno. Hasta los lugares íntimos de España. Cruzamos una línea divisoria que ya no existe con Francia. Zurcamos la montaña binacional que no deja aparte su perfil Euskera. Los parajes agrícolas y Ama Lur en la pradera. La fertilidad, la hechicería de las sorgin, su herbolaria y el verde intenso de los árboles por encima de la roja piedra.

Hace algunos siglos la historia escrita comentó estos paraísos terrenales ajenos a JC; plagados de magia y hechicería. La mano de occidente hizo su parte en Zugarramurdi en una convivencia que cuajó en un pueblo aún palpitando con sus secretos, cuyo trasfondo hoy sirve para atraer a decenas de curiosos de otras partes de la región.

En unos años el museo local, un caserío transformado, y los accidentes en la naturaleza (la Regata del Infierno) han ido en aumento, gracias tal vez a una película sobre las #brujas. En este guión muy alocado Alex de la Iglesia nos lleva de la mano hacia el humor negro contemporáneo detrás de lo que significa la magia negra.

Los poderes ocultos de las brujas se cuentan desde muchos ángulos. Vamos viendo en la casona de tres niveles, una investigación muy terrorífica sin que sea necesario verle la cara a las familias a quienes se incriminó durante la época de la inquisición. Algunos ardieron por sus pecados.

El ocultismo pervivió hasta la llegada de la institución evangélica. Los padres se fueron llevando en sus libros toda la magia y todo el placer oculto en las danzas de luna llena. Excitación atribuible al demonio, la desnudez y la repetición de encantamientos causó furor, pero también hubo el perdón.

Quedó el remordimiento de algo que no se pierde completamente como en México, ni se comparte y da identidad espiritual por debajo de cada iglesia. Quedó el recuento de una historia basada en signos y escritos difíciles de asimilar.

¡Salgamos de la duda! Caminemos hasta ahí. Usted si tiene modo, sea testigo de su propia verdad y compruebe si es así, si vivimos todos a expensas de un fino control contra la magia de las brujas, de las esencias verdaderas, de la flora y de la fauna, de la pasión y la coincidencia.

El descenso en Zugarramurdi nos acerca hasta el borde de la inconsciencia. No se siente ni una gota de superstición. Ello no se opone a que pululemos los lugares sacros en una catedral de roca no menos bella que aquellas hechas con martillo a imagen y semejanza del otro Dios.

No hay una emergencia aquí. Los cerros resisten la temperatura, se resecan el follaje pero el agua sigue fluyendo sin fin...¡gulp! Hay buena comida a 250 pesos el menú en cada pequeño restaurante local, una buena iglesia y cuartos para algunos aventureros que se atreven a sentir otras sensaciones censuradas que rozan con todo esto tan inofensivo si uno se queda a invocarlas.

También está de moda en el norte de España, un estilo de turismo donde la gente acampa y se nota un crecimiento distinto en el uso de vehículos como casas rodantes que pueden quedarse en lugares marcados en el mapa...¿en Google?

Los chicos prefieren el mar y las playas están a corta distancia ofreciendo más placeres mundanos que el laberinto espiritual esperando en la niebla. Biarritz, Hendaya, Hondarribia, Donostia hierven de bañistas con el único objetivo de refrescarse en el otrora gélido mar. Se practica el parachute/surf. #internacional #cultura españa