Llega noviembre y se acaba el horario de verano. El día se acaba pronto si bien la vida sigue hasta entrada la noche por las diversas fiestas como la de los muertos que nos dan identidad. Se celebra el día de las brujas homologamente cuando cogemos el camino tradicional para ver a Don Goyo evocando los fantasmas de los abuelos, circulando por un camino del bicentenario.

No hay palabras para lo que ha sucedido en el paisaje urbano entre el puente de la concordia y la salida que ahora se ha transformado en el distribuidor de carreteras donde se ha invertido durante décadas. Siempre se han hecho mejoras y no cabe duda como se hemos devorado la naturaleza con soluciones complicadas para conectar a Ixtapaluca.

Al principio de nuestra historia occidental, es decir cuando se superpone el castellano a todo lo anterior, caminos similares daban paso a los jinetes y los carros que permitieron brevemente la conquista espiritual en menos de un siglo. En el Siglo XVI por decir poco, se construyeron encima de las pirámides algunos templos, tal y como el de #tlalmanalco.

Las tradiciones mexicanas son un invento moderno posiblemente, más el día de muertos nos reclama una mirada triple que vamos abriendo como si fuera muñeca rusa. Lo tradicional prehispánico está presente, pero como hemos dicho, se nota siempre más occidente.

El convento en esta localidad y el templo principal dedicado a San Luis Obispo son en sí suficientes para empaparnos de la magia en el entorno, acerca del modo como las ruinas sobreviven como reliquias ajardinadas de tesoros y fuentes de sabiduría cincelada en la piedra.

Por tratarse de los franciscanos, en este conjunto que incluye una exclusiva capilla abierta no hay exceso. Los claros aún respetados por un tumultuoso vecindario funcionan como colchón a los problemas del apocalipsis desde un aspecto austero. A cielo abierto, recorrer el monumento que sirvió para la evangelización masiva cuesta 40 pesos, e incluye de modo optativo la explicación de un intrigante guía.

Para hacer la conexión con lo divino, los españoles enfrentaban la tarea de disociar el significado simbólico de la muerte y el sacrificio. El reino demandaba súbditos conocedores de la buena nueva y convencidos de una fe con menos espectáculo.

El ritual y la muerte van civilizándose mediante instrumentos cuyo fin era orientar el conocimiento de los americanos hacia el siguiente paso evolutivo representado aquí con un edificio peculiar ruinoso. Cada columna de la arcada asegura la transmisión de un mensaje complejo acerca del balance fundamental con la vida.

Gracias a estos portales pudieron conectarse las dimensiones de dos continentes. Curiosos nos acercamos a la plaza principal pues hay dispuesta una tradicional ofrenda. En este edificio descubrimos un Museo de Sitio que guarda una colección de piezas precolombinas explicadas con información gráfica.

Resulta que fueron los Olmecas quienes pasaron por ahí, muy cerca de un cráter donde se celebraban fiestas electrónicas y se dice hay OVNIS. La coordinadora nos recibe apenada pues el pequeño salón luce algo atrasado y apunto de explotar.

Tlalmanalco está en lo alto de un ascenso en el cauce de una carretera que antes era de una sola vía. Hoy conecta con una super vía de dos carriles recién terminada cuyo fin también fue seguir un nuevo trazo con dirección a Cuautla y ya no al Centro de las poblaciones. La misma ruta conduce a Amecameca en un estilo que impone iglesias para refundar villas temerosas de la ira de Dios. #Cultura Estado de México #Turismo