Hoy día en pleno siglo XXI a los países que conforman el orbe se les clasifica en desarrollados, en vías de desarrollo y una gran mayoría restante forma parte del grupo de países pobres. Los primeros, minoría, son los que dominan al mundo. Los segundos, entre los cuales se encuentra #México, están obligados a adecuarse a las reglas del juego que les marcan los primeros. Dependiendo de una buena administración, riquezas naturales, educación, infraestructura y conciencia de nación entre otras cosas, estos últimos podrían aspirar a alcanzar una mejor posición en términos de autonomía, economía, civismo y condiciones adicionales para lograr situarse en un ámbito que los haga ricos, capaces y competitivos. En torno a los países pobres en la práctica poco o nada se sabe de ellos. Pero lo que si debemos reconocer es que quizá la mayoría a falta de recursos, civilización y ayuda para crecer solamente son fuentes de despojo a favor de los poderosos. A manera de ejemplo se pueden mencionar Haití, países africanos, algunos del Medio Oriente, y otros como Corea del Norte gobernada por un palurdo, déspota e ignorante que ocupa el puesto de presidente por herencia de un padre macabro y desalmado.

De los países que conforman los dos primeros grupos, algunos para bien y otros para mal, todos tienen una historia. Existen quienes exhiben a sus personajes trascendentes en los momentos de su devenir que les sirvió como lección para asimilar nosotros aquello que les permitió crecer e igual lo malo que les llevó a tomar rumbo a la decadencia. O sea que para un número limitado de países el conocimiento de la historia es un instrumento más importantísimo que les ayuda a reforzar el impulso a su desarrollo. Además cabe aclarar que solo los países que enfrentan a su historia tal cual fue, ajustan su camino  aceptando la realidad de los momentos ya fueran dolorosos o vergonzosos.

Es muy importante observar que en los países del primer mundo en general, a la historia se le considera materia indispensable. Vivieron un muchas calamidades que no desean que se vayan a repetir. Tal es el caso de Europa en la cual tan solo dos guerras mundiales los hizo  concluir que por encima del poder y la expansión están la paz, el desarrollo, la suma de esfuerzos y la valoración de lo que es la vida. Para ese continente horror y destrucción ya no.

Pocos son los países desarrollados de origen latino. Los demás en su mayoría sajones u orientales denotan tomar las cosas con seriedad y frialdad  dejando de lado aspavientos patrioteros y tendiendo a ser por encima de todo objetivos y demandantes de solo la verdad.

En el caso de México y el resto de América Latina salvo excepciones, tristemente la historia es tema secundario. Lejos de aprovecharla haciendo uso de ella y jugando los gobiernos y la Iglesia con la ignorancia de un alto porcentaje de sus habitantes, se expone manipuladora y disfrazada. De ahí entonces que la exposición de esa ciencia no exacta, hace que los pocos lectores que la estudian por no ser obligatoria terminen en muchos casos engañados, frustrados y confundidos.

En resumen:

En el ámbito de los países desarrollados, la historia es obligatoria, se expone con la verdad y dejando entrever señalamientos y recomendaciones que bien les pudieran servir.

En el caso de los países en proceso de desarrollo, es común que la historia no sea materia obligatoria y el que pretenda estudiarla deberá hacerse asesorar de solo aquellos que la dominan pero no la deforman.

En torno a los países pobres pasa algo similar que en América Latina. Solo que en este caso su miseria e ignorancia justifica lo que no debiera tolerarse en muchos de los países subdesarrollados que adolecen de vocación para aprender aun contando con recursos para hacerlo.

@ap_penalosa