No vivimos la época de estar encantados en la inmutabilidad del campo. No somos hijos del silencio en la montaña, ni de los ritos tradicionales. Sin embargo, asombra nuestra civilización que inauguró su aeropuerto comercial apenas en 1952.

Existe cuenta de que Madero ya sobrevolaba Tenochtitlán; ahora nos alcanza la historia al tiempo que llegamos al límite con este sistema de transporte. Hoy el gobierno está rebasado por el crecimiento mega dinámico de intereses que resultan del movimiento de 30 millones de pasajeros al año. Será por esto que el Instituto Nacional de las Bellas Artes atiende un par de galerías de tal modo que se humaniza el encuentro de tantos ciudadanos del mundo.

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Es fundamental en la posición de la modernidad ofrecer un aeropuerto cada vez más eficiente, pero el paso ha sido lento y en general existen las mismas marcas de todos los tiempos, así como una red de #aeropuertos pétrea en cada capital del país.

En alguna medida hemos alcanzado el límite en el riesgoso problema de la administración contemporánea, donde el gobierno cede buena parte a capitales de otras entidades, por ello ha sido difícil la transición a un nuevo aeropuerto cuyas capacidades teóricamente nos dejarán en ventaja por los diseños de vanguardia.

El Siglo XXI ha visto la construcción de una segunda terminal que apropia un proyecto expansivo cuyos alcances rebasan el umbral de la vida útil del Benito Juárez. A tal fin se construyó uno de los trenes de conexión mas caros del mundo y una pista elevada que parte del Viaducto Miguel Alemán (presidente con quien comenzó esta parte de la historia mexicana).

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Uno observa la convergencia de los sistemas novedosos de documentación y abordaje con tedio, si bien estamos en una última fase en el desarrollo de algo que se convierte en una pequeña ciudad, o un portal que tras distintos métodos de ultra seguridad nos traslada desde nuestro mundo, hasta lo global, pues en cada aeropuerto se esperan las mismas cosas.

Esta oposición se representa por ejemplo con un crecimiento que no ha derivado paralelamente con traslados que no impliquen a la centralización de la conectividad con la CDMX, si bien existen en otras ciudades vuelos notan frecuentes entre puntos mas comerciales al interior.

A las 6 de la mañana el segundo piso nos conduce rápido a a este destino marcado en la experiencia de la mayoría. Llegamos 2 horas antes a la T2 víctimas de un tumultuoso circuito creado para descender a los pasajeros de ciertas aerolíneas nuevas que han venido a competir con las empresas paraestatales y del extranjero.

Todos tenemos como opción el poder volar, aunque no somos ajenos al tedio pues emocionalmente no son fáciles las esperas.

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El estado nos facilita el trance tanto como la comida rápida y las tiendas de diversos tipos. Versiones de farmacias, cubículos de artesanías, libros, revistas etc; se nota el grado de civilidad de nuestro destino si encontramos todas estas cosas: los bancos, las casas de cambio, los proveedores de taxi, de coches de alquiler...

Refresca toparnos en esta terminal con una excelente manera de descubrir México. Estamos de pronto rodeados por nuestra familia, los Casasola, los fotógrafos revolucionarios. Gozosos asistimos del tradicional retrato, al paisaje y la arqueología del Siglo XX.

Con paneles y reproducciones de formato espectacular nos regala la mano larga de la SEP un sentimiento de alegría que nos distingue antes de irnos con un imaginario abierto a la comunión de la belleza muy auténticamente MX. #turismo cultural #Crónica Ciudad de México