La gran aceleración de nuestros tiempos de pronto no parece ir tan rápido cuando enfrentamos en cada parte del país un estancamiento en la explotación de la cultura. Este freno deja las calles y los museos desprovistos de un aspecto fresco, denotando en cambio un olvido paulatino de nuestra hospitalidad.

Hace 200 años apenas de la independencia y parecen muy pocos; menos todavía de la Revolución, la resistencia a las invasiones y la Reforma. No suena familiar que pensemos en México como una entidad cuya frontera incluía mas de la mitad de su tamaño actual y pocas ciudades han tenido un papel tan fundamental en la defensa de México, incluso si poblar la región no haya sido cosa fácil.

La distancia, los flujos migratorios tanto como aislamiento y las condiciones de mínima presencia relativa a los medios de comunicación, no motivan a que los vecinos se nutran de sus recintos.

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Uno se siente solo recorriendo los recintos diseñados para exaltar el orgullo de la historia, el valor y la diversidad de la tierra.

No deja de ser encomiable revisar palacios y casas de época, intervenidos para dar forma a un cuerpo de documentos, armas, maquetas y vestidos a propósito de las intensas anécdotas épicas. En esta línea hay varias opciones que remontan al fusilamiento de Miguel Hidalgo.

En la Casa de Chihuahua, un verdadero ejemplo de arquitectura y diseño interior; se conserva, la torre en la cual fue retenido el Padre de la Patria. Este gran recinto tiene la misión doble de presentar la geografía y la arqueología de las regiones mas importantes del gigantesco estado.

Nos dejamos llevar por una museografía entretenida con características tecnológicas de nueva escuela, tanto así que hay una instalación interactiva en la cual uno se manifiesta por escrito y luego cuelga su hoja de comentario en un árbol de peticiones.

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Una vez metidos ahí reconocemos a algunos notables no sólo involucrados con la historia, sino con el desarrollo cultural del país. Por ejemplo el Juan Gabriel y no sobre citar a Sebastián, cuya obra se celebra también en una casa del Siglo XIX a breve distancia.

Existen otros espacios como el Centro de Desarrollo Cultural a media cuadra, donde se presenta una colección de fotografías describiendo la vida y obra de los menonitas en México desde 1922 gracias a una documentación en blanco y negro de los noventas y algunos muebles de referencia.

La Casa de Villa en contraste nos invita a convivir de espacios y reliquias, pero no nos permite hacer el registro pertinente de la decoración en cada cuarto. Hay un recorrido interesante y salvo por una tienda de souvenirs que vende por ejemplo copias de periódicos de principios de Siglo, no se ve mucha vida.

Por otra parte asombra el Centro Cultural Universitario. Ahí tampoco se hacen fotos del mobiliario, aunque pasear por la mansión vale para testimoniar la gran pompa de algunas familias ricas quienes representan lo mejor de los estilos europeos en cada rincón.

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Al haber muchas salas vacías, se abre margen a que sean los artistas de hoy quienes alimenten la casa con un afán por preservar, lo mismo la belleza de la propiedad per-se, que exposiciones de vanguardia.

Un poco mas retirada se encuentra la Casa Redonda Museo de Arte Contemporáneo. Llegamos ansiosos para atisbar de que modo se sientan los locales en su propio momento. Dejamos de lado el valor de la colección heredera del tren para celebrar una colectiva diversa de gusto explosivo y refinado que se subraya con las controvertidas fotos de Danilo Dimarco. #turismo cultural #crónica de Chihuahua #Casa Pancho VIlla