El escándalo desatado por los sobornos que la multinacional brasilera Odebrecht pagó en #Colombia para obtener millonarios contratos de obra pública, se ha convertido en una especie de telenovela en la que los responsables parecen competir para ver quién es más corrupto y quién acusa a quién, mientras que la cobertura de medios sirve de escenario en ese absurdo pulso de poderes.

Lo sucedido con Odebrecht consiste en una serie de sobornos que dicha empresa pagó a funcionarios del gobierno de Colombia para asegurar que se le adjudicaran millonarios contratos con dos fines específicos: la construcción de la denominada ‘Ruta del sol’ y la recuperación de la navegabilidad del Río Magdalena, el más importante del país.

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Los hechos ocurrieron durante los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez (2002 - 2010) y Juan Manuel Santos (2010 - 2018).

Lejos de ser una novedad o algo coyuntural, lo de Odebrecht no es más que otro eslabón en la cadena de la estructura de corrupción que ha azotado a Colombia a lo largo de su historia, teniendo en cuenta que si se mira mucho más atrás en el tiempo, se encuentran otros ‘escándalos’ como el de Reficar, el Carrusel de la contratación de Bogotá, Interbolsa, Dragacol, Foncolpuertos y otros tantos que no caben en este artículo.

De acuerdo a lo anterior, vale la pena decir que mucho antes de que los principales medios de comunicación (que son propiedad de los 3 más grandes grupos económicos que concentran la riqueza de Colombia y tienen una estrecha relación con el poder político, tanto a nivel nacional como en las regiones) crearan una nueva coyuntura con cada caso mencionado anteriormente, líderes como el ex Alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, el Senador Jorge Robledo y algunas ONG, habían denunciado e informado sobre lo que sucedía alrededor de esto que ahora y en su momento se presentó como un escándalo, sin embargo jamás hicieron, ni dijeron nada hasta que las irregularidades fueron inocultables.

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No obstante, aunque la #Corrupción de Odebrecht ahora sí ocupa las primeras planas y los titulares de los grandes medios, revelando día a día cosas que años atrás fueron denunciadas y advertidas, la cobertura mediática persiste en disfrazar de coyuntural un problema estructural que ha desangrado y sigue desangrando a Colombia.

Los medios distraen a la audiencia con campañas de: “¡No a la corrupción!”, pero nunca se interesaron en investigar lo que pasaba en frente de ellos. Tal como sucedió con el Acuerdo de paz y el plebiscito, minimizan la gravedad de este problema mostrándolo como otro pulso entre Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, reproduciendo sus acusaciones mutuas, sus anuncios y la evasión de su responsabilidad en el recibimiento de sobornos, la firma y la prórroga de los contratos que le fueron adjudicados a Odebrecht, mientras los colombianos siguen atentos ese espectáculo como si se tratara de una telenovela.

La corrupción en Colombia tiene raíz en la estructura del poder político local, regional y nacional, por tal razón, mientras los ciudadanos sigan atentos al circo mediático y no se apropien de su deber con el país, asumiendo en serio la responsabilidad de votar para elegir a sus gobernantes, el país seguirá dando vueltas en ese círculo vicioso y corrupto que tanto daño le ha hecho a los colombianos.

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Es necesario que la acción colectiva ciudadana que salvó el acuerdo de paz, ahora haga lo mismo para erradicar la corrupción, más ahora que inicia una época preelectoral de cara a las #elecciones presidenciales de 2018.