Muchas limitaciones del alma se liberan viajando. En México debería haber disciplina al respecto; podríamos vivir en una sociedad más concentrada en liberarnos que en castrar nuestro espíritu a favor del implante de una economía basada en la corrupción de los valores civiles heredados tras cruenta historia.

Conocer cada capital de cada entidad debería ser agenda obligatoria para. Así formaríamos mejor idea del país que nos tocó administrar aunque no participemos directamente del gobierno. Suponemos en el siglo XXI que es necesario estimular un civismo asociado con los placeres de la nacionalidad que implican el gozo y la simultánea protección del medio ambiente.

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En la actualidad, tras décadas de un desarrollo confuso y desproporcionado, a uno le toca dar cuenta de ciudades boutique, como la capital de Baja California Sur, urbes que ofrecen todo tipo de magia ambientalista, cultural, gastronómica y por cierto de aventura marina. Han de ser extranjeros quienes mejor gozan del privilegiado puerto pues los precios son a su medida. Hay incontables embarcaciones y propiedades que seguro que les pertenecen. Lo cierto es que no hemos visto, tras recorrer a pie los barrios, rastros de la pobreza más evidente en otros lugares.

El centro de #La paz no podemos decir que sea tierra de ricos, pero valga destacar un edificio de Sears como elemento de valor arquitectónico irrumpiendo la estética colonial en las calles que rodean la iglesia y el antiguo Palacio de Gobierno.

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Hoy en día es divertido recorrer el malecón andando en un orden que distingue la calle de los coches del carril de las bicicletas. Hay cantidad de turistas de oriente, nacionales y norteamericanos mayormente. Los osados juegan con un coche armado como una bicicleta que no tiene volante.

Hay patinadores y los paseantes conviven con distintas estatuas de bronce a lo largo de un recorrido que va bordeando una playa pública con palapas. Comparten plaza con las olas algunos restaurantes, lanchas y barcos de pesca de cuyos servicios se valen las familias de lugareños. Los hoteles de más lujo no están a la vista, si bien la región es huésped de algunos de los más caros del mundo. En cambio se ven muchas mansiones y un número reducido de comercios y restaurantes, algunos de los cuales son de marcas globales o de comida rápida.

La artesanía local no es muy notoria, si bien se encuentran reproducciones y obra local bien calificada. No fue fácil acceder al Museo de Arqueología, pero se disfruta un mapa callejero trazado con amplias calles siguiendo los accidentes en la orografía.

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No se pensó en bulevares, paseos de gran envergadura o glorietas; en cambio se ha invertido en las carreteras principales que dan a los Cabos, a Todos Santos y siguen hacia el norte de la península. Los jardines en las vías en todo caso refrescan por la variedad de los colores y las formas seductoras de las plantas de tierra caliente.

La Paz se extiende en el desorden del Siglo XX, pero en una proporción que aligera el ritmo de vida. En diciembre estaban cerradas las puertas de algunos de los centros culturales, nos quedó el Museo del INAH, un edificio de tres pisos con una visión genuina del contexto peculiar Californiano.

Destaca una imponente basílica dedicada a Guadalupe. Fabricada imitando los estilos antiguos, saliendo de la obra negra, la sensación de paz lo exhibe a uno afortunado de luego poder caminar hacia donde quedan los barcos en un aire de misterios; como lo es el peregrinaje hacia el nado con tiburones y ballenas. #turismo cultural #crónica Baja California Sur