Tras el fallecimiento del ex-presidente de Venezuela, ocurrido en Mayo de 2013, el actual presidente Nicolás Maduro asumió las riendas del país, en lo que se considera la continuidad de las políticas socio-económicas implementadas por Hugo Chávez Frías. Los resultados de la actual gestión no son alentadores para la población venezolana, estimada en unos 32 millones de habitantes, debido al explosivo aumento de los precios de los alimentos, medicinas, transporte público, matrículas escolares y servicios médicos, con sus efectos de la desnutrición.

Por otra parte, la adquisición de casas, apartamentos y automóviles ha disminuido, como resultado del alza desmesurada de los precios, lo cual no les permite a las familias el acceso a estos bienes, inclusive les cuesta mucho dinero cancelar su mantenimiento.

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Con un salario mínimo estimado de 70 mil Bolívares mensuales, en la mayoría de los hogares venezolanos se dificulta la compra de arroz, pasta, azúcar, café, cereales, frutas, lácteos, carne, pollo y pescado, al igual que es prácticamente imposible adquirir productos de aseo personal. A esta situación se le suma la elevada escasez, que contribuye a agravar la crisis económica y desnutrición que enfrentan los venezolanos.

Desnutrición y mercado negro

Ante esta compleja realidad, se han incrementado las ofertas de productos de primera necesidad a altos precios, estimulando la creación del mercado paralelo de alimentos, medicinas e insumos de aseo personal, como pañales, papel higiénico, toallas sanitarias, jabones de baño, champú y acondicionador para el cabello, pastas dentales y enjuague bucal, con sus consecuentes distorsiones para la economía.

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Muchos comerciantes venden productos importados de Brasil y Colombia, los cuales comercializan a precios muy elevados e inalcanzables para las familias, debido a deterioro del poder adquisitivo. Los venezolanos enfrentan una grave espiral inflacionaria que permiten vaticinar para el año 2017 altos índices de desempleo, desnutrición y pobreza. #Política #Derechos Humanos