La adopción del sistema económico capitalista en países de América Latina se expande y trae como resultado la necesidad de las empresas de ejecutar planes para ofrecer productos y servicios de calidad, adecuados a las exigencias de los consumidores. La búsqueda de una mayor participación de mercado, se afianza en la aplicación de programas donde predominan estrategias de producción, publicidad y mercadeo generadoras de altos beneficios económicos.

Bajo este modelo de desarrollo, las decisiones relativas a qué producir, cómo producir y para quién producir quedan sujetas a la libre acción de las fuerzas económicas, representadas por las empresas productoras y los consumidores.

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Países como México, Argentina, Colombia, Brasil o Chile son ejemplos de economías capitalistas latinoamericanas, en las cuales la propiedad privada existe como principio de carácter institucional, reflejan además el derecho de los miembros de la sociedad a tener y disfrutar libremente de los medios de producción y de consumo.

En la gran mayoría de las naciones de América Latina, el modelo capitalista impulsa saludablemente a las empresas privadas, como organizaciones que tienen la función de negociar y fomentar el proceso productivo. Excepcionalmente, y en atención al interés general, los gobiernos participan en el campo de la producción.

Una guía para el consumo

Otro de los aspectos relevantes del modelo capitalista es la soberanía del consumidor, la cual se refiere a la libertad de los individuos de comprar o rechazar un producto o servicio.

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Los ciudadanos de estos países tienen la posibilidad de expresar libremente sus preferencias en el mercado, a los cuales se adaptan de acuerdo a su capacidad adquisitiva, preferencias o necesidades.

Economistas y profesores especializados en este tema, señalan que una gran ventaja y característica predominante del capitalismo es el sistema de precios libres. La oferta y la demanda son elementos que van a definir el precio de compra, expresado en términos de la unidad monetaria de cada país. Bajo ninguna modalidad, los gobiernos no interfieren en el sistema de fijación de precios, ni en la administracion de la actividad de las compañías.

Por otra parte, el concepto de libre competencia presupone una participación competitiva de las empresas, con la finalidad de lograr éxitos en la participación de los mercados, incentivándose la convocatoria de compañías extranjeras que ofrezcan bienes y servicios de calidad. #Gobierno #Dólar #Donald Trump