En una publicación que Víctor M. Amela, periodista de La vanguardia escribió a modo de entrevista referente al libro "Ni el sexo ni la muerte: tres ensayos sobre el #amor y la sexualidad" del filósofo francés André Comte-Sponville; podemos observar los notorios contrastes que en la humanidad se denotan entre la sexualidad y el amor, pero desde un punto filosófico en que forman una bella amalgama en el erotismo.

Somos seres animales "productos de una cadena de millones de coitos", que evoluciona constantemente hasta caer en el conocimiento del amor; sentimiento que no es sencillo, pero que el autor explica como el advenimiento de una pulsión corporal que se sublima hasta esta emoción tan profunda en el ser humano.

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Ahora, en el mes del amor, resulta tedioso para muchas personas, encontrarse con lo que la palabra "amor" representa, ya que por desgracia del consumismo y el agitado ritmo de vida se ha degradado de tal manera, que la idea actual sobre la misma, dista mucho de la que antiguamente se tenía. Sin embargo, ante toda esta maraña "mega-informativa" es necesario recordarnos, no sólo como sociedad sino también individualmente, que somos seres emocionales, evolucionados a partir de una animalidad latente que en nuestro comportamiento se denota a través de esa pulsión sexual al singularizarla en una persona trasciende al amor, pero que, nos recuerda el filósofo: no solamente existe en la idea de pareja, sino que existen varios 'modos de amor' que se presentan en las distintas relaciones personales que como seres humanos experimentamos; modos más fáciles que otros (como el amor conyugal o entre amigos), modos más felices que otros (el amor a los hijos o a los padres) y así una gran gama de amores y sabores de los que celebramos en estas fechas.

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Por otra parte, el autor nos invita a reflexionar algo más sobre el amor: la banalización que sobre la sexualidad ha recaído y cuando nos recuerda que "sin tabú no hay transgresión, y sin transgresión no hay erotismo"; nos explica a su vez que sin esa extraña combinación entre animalidad y pudor, no podemos presenciar más allá de un salvajismo tremendo que eliminaría nuestra capacidad de sublimación a esa pasión, pues "El amor nace del deseo, que nace de la falta del otro. Si tienes a ese otro, ya no hay falta, y sin falta ya no hay deseo, y sin deseo..."

Aprovechemos para dar amor, sin temor a su decadencia, ya que el tiempo es corto pero la eternidad no tiene límites. #André Comté-Sponville #Filosofía