Tenemos una enorme frontera con Estados Unidos. Sonora está cortado para diferenciar una nación de otra por medio de un tremendo filtro de supervivencia: el desierto. En nuestra visita nos asombra fluir con un grupo humano adaptado al clima extremo. No llegamos hasta donde no hay vegetación. Pese al golpe solar, el invierno es bastante frío a la sombra en #Hermosillo y ya no digamos lo que sucede en la noche. Pocas amenidades ahí. No sin alabar a aventureros y científicos quienes convierten la geografía hostil en un campo de juego.

Los coches parecen los mismos que en CDMX. No notamos que haya mas o menos Ford. Hermosillo tiende a la camioneta y en general no hay ni el 1% de camiones y autobuses. Uno diría que estamos rebasados, mas se notan algunos puentes y pasos a desnivel que aprovechan históricos al mejoramiento de la la circulación. En el mercadito poca variedad que supere el poder del taco carnívoro. Hacen unos frijoles refritos de consistencia aguada y roja. Recomendamos sobre todo el Root Beer, pues parece que sólo en esta ciudad norteña hay permiso para que se consuma. Bebimos varias versiones de este brebaje para mitigar el potente impacto del astro solar. Luego emprendemos el ascenso al cerro de la campana, cuya ruta se hace preferiblemente en coche. Varios kilómetros después consideramos una belleza natural silvestre en el tono quebrado verde y tierra del panorama.

Antes hasta arriba era sitio para los marginales y las balaceras. Los jóvenes subían a echar su descague como dicen allá. Bebían más de la cuenta conviviendo con la parte mística de la montaña que subsiste virgen pese a los crecimientos poblacionales. A muy corta distancia también hay un Zoológico sensacional. Ameno rato pasará con la familia pues se ha preservado la diversidad de la flora, e incluso se han importado animales de otros eco sistemas para presentarse a una población que podría rebasar sin problemas el millón próximamente.

Todo un día podría dedicarse para ver al oso y a las focas. La noticia es que los enjaulados no parecen estar tan felices. El recorrido se hace felizmente en torno a un show al centro del parque. Se suma al costo de admisión acceso a vehículos que facilitan el circuito e ingresan al entorno agreste para observar a las bestias 100% libres a su albedrío.

Es un gozo pasear por los distintos centros de la capital. Notamos lamentablemente numerosos indigentes pululando las avenidas principales. Muy cerca del Sagrado Corazón y los edificios del Ayuntamiento y el Estado. En otra plaza distinta a la de los museos, y cerca de la monumental UNISON. Hay un importante museo de Arte, el MUSAS, y uno más en una penitenciaría que estaba en proceso de renovación. La sensibilidad Sonorense se palpa en el sentido de su diversidad étnica y buena mano se ha dedicado a plasmar en murales su propia historia en el contexto de lo mexicano.

Estar en el campus universitario es sentirse en un Oasis. Rompe el paisaje con la sierra una instalación de carácter permanente evocando la tragedia del incendio en la guardería donde murieron demasiados niños. La UNISON tiene un museo que sirve para fortalecer la educación regional. El edificio moderno invita a la magia de la arqueología y la explicación del desarrollo de la tecnología a partir del método científico. No se ve que hayan implementado aún medidas para actualizar las instalaciones.En el sub suelo se revela la identidad de la región cuna de presidentes y presidenciables, atletas olímpicos y miles de indígenas. #turismo cultural #crónica de sonora