Al pasar del tiempo el niño interior recuerda el modo como aprendió a ser mexicano. En aquel entonces, al final del Siglo XX, hubo un condicionamiento que desde la SEP mandaba formarnos ante una identidad nacionalista de una república imaginada con 32 entidades federales.

Nosotros como ustedes, dedicamos horas infinitas de estudio obligatorio al tema de México y a los matices del concepto de lo que se esperaba de nosotros. Sin embargo uno cae en la duda de la edad adulta, ¿qué tanto cumplimos esta expectativa, si no conocemos, por lo menos superficialmente nuestro territorio? ¿Qué tanta relación puede haber entre uno desde la metrópolis, con otro semejante que habita regiones donde el primero no sobreviviría tantas aparentes incomodidades? ¿Qué mexicano sobrevive a climas de 52 grados centígrados? ¿Cómo se abastecen de agua potable en el norte? ¿Depende su consumo de energía de las redes tradicionales? ¿Estos indígenas no mexicas se sentirán por igualmente felices por el centenario de la constitución?

Buscando esta ola que festeja los avances, las leyes del Siglo XX en su centésimo cumpleaños, nos decidimos y hacemos lo contrario a lo que demanda el status quo. Le proponemos hacer algo distinto que sea la moda de decirse así mismo: "Yo soy chihuahuense, soy también de Baja California, porque necesitamos gente que entienda nuestra identidad en pos de un gobierno que se oponga a todo aquello que se ha hecho en el nombre de la ley.

Sintiéndome un poco sonorense acatamos el mandato del niño de adentro quien se entristece y nos somete a todos los arreglos para realizar lo imposible: lanzarnos a un lugar que no corresponde con el turismo tradicional en pos de un testimonio legítimo. Usted también es Hermosillo si despeja mi pensamiento para remarcar algo que tenemos en común. Se recomienda no esperar hasta que tengan una línea de crédito, más disponer de los servicios de la banca que hoy están en la red facilita la realización de esta meta como nunca antes fue posible.

Para llegar a Sonora hay que cambiarle al reloj. Su aeropuerto es pequeño. Pocas líneas salen o parten de ahí. Llegar cuesta como 700 pesos, más luego váyanle sumando 60% extra impositiva. Aterrizamos en un un desierto habitable. El paisaje seco verdoso matiza con la tierra y la piedra de la sierra en el horizonte. Al taxista le cae en gracia que nos instalemos en el Hotel Washington. Nos felicita por no ir hasta Nogales pues anticipa no hay tampoco ahí vanguardias del arte actual. Como sea se ha abierto un colosal museo de arte en las afueras al sur del centro.

El MUSAS tenía dos de cuatro salas en proceso de montaje. Destaca una colección de impresiones ubicadas en el vestíbulo que ilustran el perfil de una revista cuyo mercado linda con la sexualidad de un tipo adolescente alternativo. En la planta alta contemplamos la figuración de tres artistas bajo un proyecto de rescate e interpretación del álbum familiar en REWIND. Por otra parte en Detritos, vestigios en la arena, Miriam Salado se arriesga y propone instalaciones sobre el piso a la par de unos dibujos de lo que se encontró en el desierto.

El recorrido sigue sobre el mismo cuadrante donde hubo un río. Ahí se planteó una Mega Casa de la Cultura que ofrece distintos adiestramientos. Las salas de exposición nos meten a Ruido Territorio, de Luis Mercado, un proyecto cuyo fin es representar el paisaje desde las nuevas tecnologías. Los hoteles nuevos están por esa parte de una urbe ardiente y gélida. #turismo cultural #crónica sonora #museo de arte