El domingo pasado, el pueblo turco fue llamado a las urnas para votar sobre una revisión de la constitución, la cual prevé el reforzamiento de poderes del presidente Recep Tayyip Erdogan. Este referéndum tuvo como resultado el “sí” con 51.4% de votos a favor. La oposición clama fraude - porque a última hora se decidió contabilizar votos que normalmente no se tomarían en cuenta, ya que no tienen el sello oficial, según reporta Le Figaro -, mientras que el ganador clama una decisión histórica que emana del pueblo mismo, lo que entiende como el poder de hacer y deshacer a su propia conveniencia.

El “no” se observó ampliamente en las tres ciudades más grandes (Istanbul, Ankara e Izmir), y en las ciudades más pobladas (Denizli, Adana, Antalya y Mersin), mientras que el “sí” se observa sobretodo en la diáspora.

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¿Qué implican estos resultados?

Primero que nada, ésta victoria conlleva a la eliminación del puesto de primer ministro, pudiendo el presidente gobernar por decretos. Podrá nombrar a los ministros y a otros funcionarios en las instituciones judiciales. Igualmente, tendrá la posibilidad de disolver el parlamento. Sin embargo, según el especialista sobre #Turquía citado por Le Parisien, Jean Marcou (profesor e investigador en el instituto de política de Grenoble), esta reforma sólo consolidará los poderes que Erdogan ya tiene de facto.

No obstante, esta reforma no entrará en vigor hasta las próximas elecciones legislativas y presidenciales en noviembre 2019, a las cuales se presentará, naturalmente, el actual presidente, gracias a esta reforma que le permite automáticamente presentarse nuevamente a las elecciones de 2019 y luego a las de 2024, pudiendo mantenerse a la cabeza hasta el 2029, por supuesto, siempre y cuando el pueblo así lo decida a pesar de su racha ganadora desde 2003.

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¿Un proyecto bien orquestado?

El referéndum que culminó en la victoria de la reforma de Erdogan se preparó con mucha antelación e incluso se sospecha de juego sucio.

Recordarán el intento de golpe de estado que se llevó acabo el 15 de julio 2016, el cual culminó en fracaso y en el encarcelamiento masivo de funcionarios, magistrados, periodistas y civiles. Lo desconcertante de este “golpe de estado” fue que se llevó a cabo de una manera amateur y que el gran beneficiario fue el mismo Erdogan, ya que le permitió proceder a hacer las purgas que tanto deseaba, endurecer su régimen y legitimar su poder al adquirir una popularidad renovada.

Incluso especialistas destacaron que fue un caso rarísimo, ya que los golpes de estado en Turquía suelen ser eficaces, debido al poder que tiene la armada. En lugar de ello, éste se realizó mientras que el presidente estaba de vacaciones. Los líderes del golpe pidieron a la gente regresar a sus hogares, mientras que Erdogan pidió a la gente salir a las calles, por tanto, los partidarios del golpe se quedaron en casa, mientras que los partidarios de Erdogan estaban en las calles, según el sitio Al-Monitor en Washigton.

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Todo esto contribuyó para su proyecto de aumentar su poder “legalmente”, el cual no se podría haber llevado a cabo de forma tradicional, a falta de votos a favor en el Parlamento.

Posteriormente, en 2017, se llevó a cabo una activa campaña a favor de la reforma. Incluso, se previeron varias asambleas en el extranjero a este tema, las cuales fueron prohibidas en ciertos países como Holanda y Bélgica, a quienes el Presidente turco criticó enfáticamente a pesar de que dicha acción constituía una violación a la soberanía de los países.

Asimismo, se sabe que hubo intimidaciones y manipulaciones por parte del gobierno. Según Le Figaro, el Ministro de Comercio Bülent Tüfenkci advirtió que si él "no” ganaba, el país entrará en un período de caos e inestabilidad; igualmente, tanto el gobierno como figuras importantes cercanas al mismo crearon amalgamas entre este suceso político y la religión, catalogándolo como un “deber religioso”. #referendum