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Un país más pequeño que el estado de Querétaro, con una población total de 4 millones de personas, alberga a 1.5 millones de #refugiados sirios en diversas zonas. Una de éstas es la planicie de la Bekkaa, la cual es fronteriza a Siria. En esta zona hay campamentos informales donde viven 360,000 refugiados, que llegaron en su mayoría en 2012. Ellos sobreviven únicamente gracias a la ayuda de diferentes ONG, ya que #Líbano no es signatario de la Convención de Ginebra sobre los refugiados; esto se traduce en el hecho que el gobierno libanés no reconoce a los refugiados, lo que les impide trabajar y tener cualquier tipo de ayude de parte del gobierno.

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El costo de un título de residencia es inaccesible para la mayoría (200 euros). Todo esto sin mencionar que los niños que han nacido en territorio libanés no están registrados oficialmente bajo ninguna nacionalidad.

Los hombres hacen trabajos ocasionales a cambio de unas cuantas monedas y las mujeres cuidan de los hijos. La mayoría desea regresar a su patria; sin embargo, sus casas han sido destruidas y sus bienes robados, por lo que si regresan no tendrían nada, ni siquiera la ayuda de las ONG, al perder su estatus de refugiados a nivel internacional. Asimismo, temen represalias por parte de Hezbolá, ya que ellos son en su mayoría sunitas. Según un testimonio recopilado por Le Figaro, vivían en paz junto con los chiitas, hasta que llegó Hezbolá para prestar mano fuerte a Bashar el-Assad en contra de los “rebeldes”.

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Por otra parte, los padres de familia temen que sus hijos sean enrolados en la armada siria.

Una sociedad fracturada

La frontera con Siria fue cerrada a finales del 2014, debido a la afluencia masiva de inmigrantes que entraban en territorio libanés. “Existe una gran inquietud por parte de los libaneses cristianos y chiitas de mantener en el territorio refugiados a 90% sunitas, ya que podría desbalancear el frágil equilibrio comunitario del país”, explica Fabrice Balanche, experto sobre la cuestión de los refugiados, entrevistado por Le Figaro.

En efecto, todos los libaneses tienen presente la guerra civil, la cual se generó a partir de tensiones entre las comunidades cristiana y musulmana, causada por la presencia de miles de refugiados palestinos. A raíz de este conflicto, se firmó el acuerdo de Taëf, el 22 de octubre de 1989, el cual reorganizó la repartición de poder entre las diferentes comunidades religiosas en base a la demografía de cada comunidad religiosa de la época: el presidente siempre tiene que ser maronita, el primer ministro sunnita, el presidente de la Asamblea nacional es chiita, etc.

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Cabe mencionar que Líbano cuenta con diversas influencias e injerencias extranjeras, apoyando a diferentes comunidades religiosas, lo que empeora las #tensiones interreligiosas. También, desde el acuerdo de Taëf no ha habido nuevos censos oficiales, ya que sería causa de nuevos conflictos. Del 25 de mayo 2014 al 31 de octubre 2016 Líbano entró en crisis, debido a que el parlamento no llegaba a un acuerdo para la elección de un nuevo presidente, lo que generó problemas en diferentes áreas, como el suministro de agua y luz, y la recolección de basura.

La propuesta para solucionar la crisis de los refugiados

El 5 abril 2017 el Primer Ministro libanés, Saad Hariri, presentó ante la comunidad internacional un plan para tratar la crisis de los refugiados sirios. Este plan comprende la inyección masiva de capital de parte de la comunidad internacional, lo que ayudaría a crear puestos de trabajo tanto para los libaneses como para los sirios, además de establecer instalaciones para su formación técnica y profesional. Sin embargo, este plan genera varias preguntas: ¿si el dinero será destinado también a la posibilidad de trabajo de los refugiados, entonces se les proporcionará un permiso de trabajo y/o de residencia? ¿Esto no provocaría la instalación permanente de los refugiados?

Además, esto no solucionaría el hecho que la sociedad libanesa está profundamente dividida y más interesada en sus afiliaciones religiosas que en el bien común, ya que realmente la capacidad de una persona para desempeñar cualquier puesto no depende de su filiación religiosa.