Tomar la decisión de emigrar a otro país por muy cercano que sea del nuestro, no es tarea sencilla, si se es joven quizás las opciones son tan atractivas que te nublan el pensamiento, nuevas amistades, lugares de ensueños, nuevas experiencias sobre todo vivir la vida lejos de los controles de la familia, nos harán más libres y llenos de expectativas, con una simple mochila somos capaces de comernos el mundo, y vivir como sea, pero lejos de casa y del país del cual somos originarios y que como todos tendrán sus problemas de todo tipo. Es frecuente ver en algunos países en crisis que la mayoría de fiestas se han convertido en despedidas, casi todos los fines de semana nos reunimos para despedir a alguien que se va, el lleno de ilusiones, sus amigos y familiares llenos de tristeza, pero con el rumbo fijo en el país que se escogió y será el nuevo hogar por un determinado tiempo.

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Al principio todo es novedad, hasta las más simples cosas como el rayado de una calle y en bicicleta nos hará voltear la cara y decir: “allá en mi país no se puede hacer eso porque"... Y damos una serie de razones, poco a poco la novedad se va convirtiendo en costumbre y vemos las cosas con naturalidad, y pocas cosas nos sorprenden y dejamos de comparar el nuevo país con el nuestro, no es que no lo extrañemos, es simplemente que nos estamos acostumbrando y la nueva vida se sumergió y se aglutinó con la nueva y formó parte de su “todo”. Eso es emigrar.

Cuando emigrar no es parte de la juventud

Pero si emigrar siendo joven es difícil, que complicado es hacerlo cuando la edad nos cubren las canas, es mirar atrás todo lo que se ha construido en todos los años de la vida, a veces cosas materiales que tanto costaron conseguir, trabajo de años ininterrumpidos, objetos de comunidad conyugal, amigos, trabajos, familia, país.

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Es cuando más duele el emigrar, son los momentos de mirar atrás y recordar las cosas que dejamos y que a lo mejor no volveremos a ver nunca más, es recordar la mesa de navidad y como al pasar de los años iban quedando lugares vacíos en ella, y sin darnos cuenta la navidad pasó a ser una época solo para niños. Por eso cuando emigramos compartimos la mesa de otros, con sus costumbres y tradiciones y suspiramos por las nuestras; a medida que pasan las estaciones vemos como se llega al Otoño y vemos sus hojas caer, igual que caen las hojas del calendario que nos recuerda que los días pasan fuera de nuestra casa, en una nueva tierra agradecida pero fuera de nuestro país. #emigrante #jovenesemigrando