Desde la Revolución Francesa (1789) la humanidad viene buscando su ideal de Estado; ese aparato de gobierno representativo, que garantice las libertades, la justicia y el bienestar. Pero a lo largo de dos siglos cada nación y grupo social ha tenido una idea distinta de cómo debe ser y cómo alcanzarlo. En su mayor complejidad se construyeron las ideologías, las cuales por más de dos siglos han formado grupos, ejércitos o partidos, con sus intelectuales, líderes y mártires.

Desde insurgentes, luego revolucionarios, pasando por guerrilleros y llegando a los "terroristas" hubo una larga lista de militantes dispuestos a dar la vida por ese sueño.

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Todos han sido vilipendiados mientras luchaban y luego reivindicados cuando triunfó su causa. Esa forma de ver cada realidad es el juego de la política.

Pero después de la Guerra Fría (1991) la racionalidad moderna nos dice que casi hemos llegado a un orden democrático y un Estado de Derecho, donde las doctrinas no pueden ya modificar sus factores primordiales, como la cultura, la economía y el gobierno. Incluso, cuando han ganado las corrientes más radicales su gasto social incrementa el déficit y arriesga la paz social.

Las posiciones y los partidos son realmente meras etiquetas; los gobernantes se volvieron una misma clase política, sin contrapesos en la oposición. La prensa ha sido el único contrapeso real, que vigila su actuar, desata cambios de gobierno y acompaña a este agotamiento de las ideologías para abrir paso al nuevo debate: la moral de nuestras acciones, valores y formas de vida.

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Los jóvenes musulmanes, hijos de aquellos inmigrantes subsaharianos y medio-orientales que llegaron a Europa en los años 80 y 90, hoy buscan el sentido de su existencia, primero inconformándose con el mundo que viven y luego recurriendo a sus orígenes culturales, en busca de orientación, significados básicos y motivaciones en su estado más puro. ¿Qué joven no ha hecho lo mismo todas las épocas y en cualquier parte del mundo?

Algunos, incluso, viajan de regreso a su patria ascendente, con la intención de saber más de su cultura originaria, conocer opciones de vida y ahí muchos se vuelven presa fácil de imanes o guías morales, que les afirman la nobleza de su herencia ancestral y la crisis de valores del mundo occidental, al que fácilmente llaman corrupto, sin de verdad haber vivido en esas sociedades. Un estudio en Gran Bretaña de 2009, determinó que 97% de los imanes en sus mezquitas son extranjeros, a pesar de que la mayoría de los practicantes eran nacidos en el Reino Unido.

Nadie niega ésta crisis social y de valores del sistema capitalista; pero es la libertad individual mejor alcanzada en la historia.

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Todos los días vemos cómo el dinero realmente sí compra la diversión, aunque no la felicidad; también compra la belleza, pero no el amor. Así la felicidad y el amor se vuelven ideales de lucha, mientras la pobreza sí es una realidad lacerante y temible. Un poco de desarraigo en la patria adoptiva, junto con discriminación o racismo forman en esos jóvenes un "coctel de no pertenencia", que de ahí a la radicalización, sólo hay un paso.

Este terrorismo islámico se separa totalmente del terrorismo político de los años 70, 80 y 90. En lugar de banderas ideológicas, se trata de motivaciones moralistas. La creación misma de un territorio aparte, persigue vivir de acuerdo a costumbres y reglas religiosas, que determinen sus comportamientos en el hogar, la familia, el vecindario y la mezquita.

Ya no se enarbolan términos como libertad, justicia, equidad, democracia o bienestar social. El discurso es cómo te vistes, qué debes admirar, ver o consumir; cómo dirigirte a tus padres, hermanas, amigos o vecinos; o cómo debes tener pareja y formar una familia. Orientaciones del vivir cotidiano, dentro del hogar, que quizá las generaciones anteriores han gozado en sano uso de sus libertades individuales, pero tal vez las siguientes están totalmente inciertas al respecto.

Matar siempre será inmoral, pero es más inmoral hacerlo tratando de imponer ciertas formas de vida. Cito a Manuel Moyano y Humberto Trujillo, especialistas en el tema: "los justos son injustos en el momento que matan."

Para las generaciones que hoy gobiernan, la moralidad es más del terreno individual y privado, de libertades ganadas en luchas anteriores y no parece un tema que deba ser cuestionado hoy. Pero llegarán con el tiempo nuevas generaciones al poder y será el momento para entrar o reglamentar estos temas. #Manchester one last time #manchester victims