Nada me preparó para mi alojamiento en Guanajuato. Ya conocí la subida de San Miguel, en esta oportunidad de hacer presencia en una ciudad que no tiene réplica en ningún otro lugar de la República. Tierra de aristócratas mexicanos, se yergue como un foco de atracción en la diversidad del continente.

Nada más bajar la cuesta, hordas de paseantes se aglutinan por las estrechas calles en alguna medida reservadas para la visita peatonal. No sobre exaltar la habitación Airbnb, cuya vista sensacional de la urbe podría servir de estudio para artistas viajeros.

¡Barrios de leyenda a nuestra disposición mexicanos! El galope de los fantasmas, la fascinación de las momias, el olor de los metales en las laderas de las montañas.

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La explotación y el contraste armonioso de una ciudad de jóvenes estudiantes, con gusto por la amplia expresión de la cultura.

El clima agradable, Guanajuato se ve tan chiquito en google maps... que sorpresa renovarse en las aguas de la Colonia en un ambiente esculpido en la mexicanidad. Rumorean las chicos dando serenata, hay vecinos disfrazados ofreciendo explicaciones para el callejón del beso y otras amenidades.

Paseamos hasta agotarnos rodeados de gente nueva, abarcando cada comedero, cada banca en la sombra de magníficos árboles como en el Jardín de la Unión. El abrazo de un sol ardiente y los monumentos que revelan todos los estilos de la gran época de la construcción, hasta antes del Siglo XX.

Al ras de la noche los flujos se acercan a distintos bares, donde no es raro que haya músicos animando la velada.

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Al no haber tantos coches y estar todo a corta distancia, uno se atreve a disfrutar de los distintos ambientes. La convivencia entre chicos y grandes da aforo a un estilo de fiesta compartida, matizado por la gastronomía.

Hay confianza entre los guanajuatenses, aunque sería falso decir que no hay inseguridad al paso de la noche. Entre la muchedumbre siempre hay algún malandrín dándole sabor a lo folklórico, y así mismo habrá bienhechores confundidos entre los borrachos.

En Domingo de Pascua nos rifamos con la suerte de visitar 3 excepcionales museos en la misma calle de los Positos. Como siempre, haría falta quedarse para ingresar a cada entidad arquitectónica. Apenas nos da tiempo de subir y bajar a lo del Pípila y dar testimonio de un loable esfuerzo cultural generalizado.

Desde esta perspectiva no se notan tanto las diferencias sociales. Ingresamos al Museo del Pueblo. Una gigantesca mansión se presta a semejante título, habiendo ostentado otros más gentiles, cuando fue guarida de multimillonarios y nobles de México y de ultramar.

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El legado de aquella aristocracia ha servido para el pulimento del edificio, cuyas piedras ahora estaban vestidas con muchas colecciones de arte de toda índole. A modo itinerante se expone a Olinka Domínguez, Gorky González y a Castro Leñero.

En primer término quedarían los titanes de la plástica y de la mayólica respectivamente. El primero, famoso por ser parte de una ruptura que por lo visto sigue rompiéndose y sigue siendo aplaudida y mercantilizada.

En el caso de la dama, existen registros documentales web donde se le ve trabajando, aunque su discurso sea presentarnos la parte que no es bonita de la vida. A ella le convence esta doble moral en su obra, pues no es el plan hacer énfasis en la fantasía, sino que quiere enmarcar con excelente técnica, la versión dispersa en el absurdo de representar algo.

A toda marcha, patinando de la emoción, pasamos a un Museo de Arte Contemporáneo, que funge en un estilo de institución con tiendita y servicios de cafetería. No sabemos hasta que punto los mismos foros sirvan a la experimentación; en todo caso la ciudad guarda tesoros de todas las épocas, desde Carrington, hasta Soriano, Domenge y los hermanos Marín.

Aquí se hace énfasis del monstruosismo mexicano promoviendo el trabajo de Iván Batista, quién a través de un Semblante expresa lo opuesto al fashion con figuraciones donde muestra habilidades gráficas.

Luego el regreso a la ciudad, podría decirse que llevó seis horas y no las estimadas tres. La inyección vehicular debe notarse desde el espacio; pocas ciudades por cierto, te reciben con un taxi seguro a las tres de la mañana. #crónica de Guanajuato #turista nacional #Ciudad Colonial