De acuerdo con un vocero de la Casa Blanca, el sábado 20 de mayo se acordó un contrato de venta de armamento con un valor de 110 millones de dólares al Reino Saudita, con el fin de apoyar la seguridad del país y de la región del Golfo en contra de las “amenazas de #Irán”, sin dar más detalles sobre éstas. Minutos antes, el rey Salman de #ARABIA SAUDITA, había declarado propósitos similares sobre Irán, calificándolo como la "punta de lanza del #Terrorismo global”, según el periódico suizo Le Temps.

Igualmente, se dio a conocer el proyecto de creación de un centro de lucha contra el financiamiento del terrorismo, acordado junto con las monarquías árabes del Golfo.

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De acuerdo con la misma fuente, el presidente estadounidense olvidó o desconoce que Arabia Saudita ha sido acusada en repetidas ocasiones por financiar grupos terroristas a través de diversas organizaciones salafistas.

Esto sin mencionar que el principal aliado de Estados Unidos en la región no figuraba en la lista de países a los que se les prohibió la entrada en el controversial decreto anti-inmigratorio.

Por otra parte, Trump acusó a Irán de apoyar al terrorismo durante su tan esperado discurso sobre el Islam, en presencia de más de cincuenta representantes de países árabes y musulmanes, marcando indirecta pero firmemente su apoyo al reino saudita, al cual le preocupa naturalmente la influencia en la región de su gran rival chiita.

Asimismo, Trump apuntó a Irán como el responsable de la inestabilidad de la región, lo que denota su poco conocimiento (o estrategia) en geopolítica de medio-oriente, ya que no existe una causa, ni un responsable, sino un conjunto de factores generados por varios actores.

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Esto sin mencionar que, según la misma fuente, el presidente estadounidense llamó a aislar al Irán por su falta de voluntad en favor de la paz, al “atizar el fuego del conflicto confesional y del terrorismo”.

Un discurso para los amigos

Sin embargo, Trump tuvo la delicadeza de no mencionar absolutamente nada respecto a las políticas del reino en materia de derechos humanos - incluyendo violaciones en contra de sus ciudadanos chiitas - y de derechos de la mujer, así como también cuidó no mencionar el hecho que el reino wahabita ha sido igualmente puesto como responsable de financiar e influenciar la ideología de varios grupos terroristas.

Esto no es novedad en la administración estadounidense: recordemos que la administración de George W. Bush incluso no lo ubicó en ningún momento en el famoso “Eje del Mal” y evitó hacer cualquier alusión a la participación de nacionales sauditas en el ataque del 09/11, más específicamente 15 de los 19 terroristas, el caso de las "28 páginas". Esto debido a fuertes intereses económicos; después de todo, Arabia Saudita es el primer productor mundial de petróleo.

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El presidente de Estados Unidos ofreció a sus anfitriones todas las promesas que esperaban, sobre todo, su discurso enterró el acercamiento con Irán iniciado por Barack Obama. Sus declaraciones pasaron en silencio las raíces e influencias de la ideología terrorista que emana del wahabismo, la corriente del Islam ultra-rigorista vigente en el Reino, según Le Monde.

Acusaciones unilaterales declaradas con el fin de agradar generan más problemas de los que se pueden contar, incrementando las tensiones entre las diferentes partes de un conflicto, sobre todo en uno tan complejo como la lucha de influencias entre los dos gigantes de medio oriente.