"Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para modificar aquellas que sí puedo y sabiduría para conocer la diferencia". Un cuadro con aquella frase se vislumbra entre el mar de libros que adornan los estantes del santuario de don Paulino de Ariño Sainz, un hombre que a sus 90 años lo ha vivido casi todo, y para el cual, el cansancio no existe, ya que después de compartir momentos con presidentes de México, recorrer el Amazonas y haber saludado a Juan Pablo II, ha encontrado en Cancún su hogar definitivo, lugar donde brinda la ayuda a quien así lo necesite.

Cada semana busca entre sus ropas y pertenencias algunas cosas para donar, además de comida, la cual es repartida en zonas irregulares de Cancún por sus hijas, a quienes nombra cariñosamente como sus más grandes tesoros.

Anuncios
Anuncios

Sentado en su escritorio, flanqueado por libros, pipas y flautas talladas por habitantes del Amazonas y un pisapapeles que le regaló Juan Pablo II, con una voz reflexiva y amena, recuerda sus viajes por el mundo y sus vivencias con diversos personajes.

“Había un presidente que quería aprender esgrima, le di algunas clases y al final aprendió, la avenida principal de Cancún lleva su nombre”, comenta mientras remata con el dato que viene de forma repentina a su mente: “José López Portillo, ese era”.

Tras vivir diversas aventuras, conocer a cientos de personajes y ser la persona al frente de grupos como ProNatura, de la cual es uno de los fundadores, y del Instituto de la Cultura Domecq, entre otros, eligió Cancún como su hogar, siendo su familia su principal ancla. Reside en esta ciudad al aceptar sus hijos compartirla junto con él y su amiga, esposa y compañera por ya 65 años.

Anuncios

Es así que disfruta de esta ciudad a la cual describe simplemente con la frase: “Cancún es hermoso”, desde hace más de 20 años, tiempo en el cual ha buscado regresarle un poco de lo que ésta le ha dado.

La conservación de la naturaleza es uno de sus estandartes, bandera que ha ondeado en las costas de la Península de Yucatán y de Quintana Roo a través de ProNatura, luchando por la protección de las tortugas marinas. “La naturaleza es muy importante, fundamos esta organización varias personas y yo, porque queríamos conservar las bellezas del mundo, las tortugas, los delfines, las ballenas, en fin, todo”, dijo.

Haciendo una pequeña pausa en sus relatos, se levanta de su silla y ofrece un recorrido por su santuario, al observar las paredes adornadas con cientos de reconocimientos enmarcados, se pueden ver las firmas de personajes como Miguel Alemán Valdez, José López Portillo, Luis Echeverría Álvarez, Miguel de la Madrid Hurtado y Carlos Salinas de Gortari, entre otros presidentes de México.

Anuncios

En un extremo de su santuario descubre unas pequeñas cajas, al abrirlas, el brillo de unas medallas deslumbra de repente, algunas recibidas en México, y otras de España, reconocimientos que enmarcan cientos de historias, entre ellas, sus vivencias durante la Guerra Civil de la Madre Patria.

Don Paulino recuerda esos días cuando él apenas disfrutaba sus 10 años de edad, “estaban en pugna socialistas, comunistas y otros grupos, nadie sabía a grandes rasgos quién era quién, y ese fue el error que le dio la victoria a Francisco Franco, no trabajaron unidos y eso los hizo perder”.

Para cuando la guerra finalizó, don Paulino ya celebraba su cumpleaños número 13. Con tantas vivencias aún existen cosas que le gustaría sumar a su ya interesante y longeva lista de aventuras.

“Existen lugares en el mundo que son aún vírgenes, estoy seguro que ahí puedo encontrar nuevas tribus, grupos que no conozcan aún al ‘hombre blanco’, eso me gusta, descubrir, conocer, comunicarme, eso es algo que quisiera realizar, porque a mis 88 años, aún estoy muy fuerte”.

Con una operación de bypass al corazón y una de cadera, gusta de seguir caminando, aunque ayudado por un bastón, dentro de su santuario lo coloca en uno de sus escritorios, y se despide de él durante el tiempo que está entre sus libros y recuerdos, como si éstos le dieran la fuerza para sostenerse por sí solo.

A su lista de pendientes se suman dos libros, los últimos que pretende escribir, el primero se titula “Nuestro viaje”, obra que ya lleva 10 años escribiendo, “será un libro grueso, pero muy entretenido”, aseguró. El segundo texto se titula “Un pecado sin nombre”, “será una obra muy sugestiva, esas cosas que gustan ahora”, remató con una sonrisa.

Antes de despedirse reflexionó: “debemos de ser modestos, este Papa Francisco está dando mucho ejemplo de simplicidad, humildad, de cómo comportarnos con nuestros congéneres, las demás personas son como nosotros, no creamos que somos superiores”. #medioambiente #Semblanza #Turismo