Veracruz, el estado mexicano que tiene uno de los más altos índices de inseguridad, el año pasado incrementó de 64.8 % a 85.1% la percepción ciudadana en este rubro; según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE).

Además, tiene violencia y narcotráfico alarmantemente fusionados; muchas personas tienen miedo de lo que les rodea y es común escuchar de situaciones que parecen de ficción, pero es más triste saber que son reales, cruelmente reales.

Gente de todas las edades desaparecida y ejecuciones tan grotescas que bien podrían ser parte de una película gore, pero no, todo es de verdad y recurrente.

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Esto se ha extendido por prácticamente todo el país y esto parece no tener fin. Algunas personas dicen que ya no es tanto como antes, pero otros cuantos dicen que lo hemos visto tanto que ya lo normalizamos, esto se amortiguó luego de mucha repetición.

En algunos sitios de Veracruz, un silencioso y discreto ambiente es el que impera en las tardes - noches, donde alguna vez se llegó a recomendar quedarse en casa y si no era absolutamente necesario salir, mejor no hacerlo en esos horarios. La ya comprobada relación entre el Gobierno y el crimen organizado ha provocado que los veracruzanos desconfíen de todo y de todos.

Justo entre toda esta compleja dinámica de vida, existe una comunidad ubicada en el centro del estado, pertenece al municipio de Amatlán de los Reyes, Veracruz. Aunque es pequeña con una población de 3 mil 500 habitantes, según el censo de 2010, han hecho grandes cosas capaces de superar cualquier otra acción a veces hasta gubernamental.

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Antes, todos sus habitantes se conocían, pero con el paso del tiempo, el desempleo, el sedentarismo necesario y el sueño americano, provocaron que gente de otras partes llegara a La Patrona, como es más popularmente conocida esta comunidad. De ahí, precisamente viene el nombre de Las Patronas, así se le llama a un grupo de mujeres que dan de comer y cuidan a los indocumentados que pasan por el lugar montados en “La Bestia”, el ferrocarril que cruza el país en aproximadamente 25 días, mismos que se convierten en un martirio que termina con la muerte o bien con el sueño americano hecho realidad.

Es una ruleta rusa en la que puedes perder o ganar y cada día es un nuevo juego y con nuevas reglas. Cada año medio millón de personas son las que cruzan México por este medio. Ahí viene de todo, hombres, mujeres y niños, mismos que desde el inicio del trayecto padecen las inclemencias del tiempo y una gran cantidad de abusos por parte de mucha gente con la que se topan en el camino.

Puede haber violaciones, extorsiones y asesinatos, a veces, por parte de la misma gente que tira a otros provocándoles amputaciones de piernas o brazos, porque caen en la vía y las llantas del tren hacen esta desgracia en medio de la nada, sin ayuda y dejando a las personas a su suerte.

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Hay zonas verdaderamente peligrosas en las que suceden cosas terribles y de las que muchos no viven para contar, hay gente de la que su familia en Centroamérica jamás volvió a saber, ni siquiera saben si están vivos o si llegaron a cruzar a Estados Unidos o bien se quedaron en México.

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”

Hace 22 años, a principios de 1995, Bernarda y Norma Romero, la ahora líder de Las Patronas, habían comprado algo de pan y leche, el tren pasó con algunos indocumentados que desde arriba les pedían con gritos desesperados algo de comida, a ellas les nació darles lo que tenían en ese momento y así comenzó un viaje que no ha llegado a su final y a decir de la líder, no habrá un final, porque Las Patronas siempre van a existir mientras haya gente que tenga necesidad.

Cuando llegaron a su casa a platicar a su mamá lo que habían hecho, ella les dijo que podrían continuar con esto y así hacer un bien para mucha gente. Comenzaron con 30 lonches todos los días y así durante 5 años ininterrumpidos, primero de su propio dinero, de su despensa y con el único objetivo de hacer algo por los indocumentados que pasaban cada vez más y todos ellos con una historia personal capaz de estremecer el corazón de cualquiera.

Hoy, luego de todos estos años esos 30 lonches se convirtieron en 400 diariamente, además de la creación de un albergue adecuado para ayudar el tiempo que deseen a los indocumentados que lo necesiten para reponerse, recuperar energía y volver a subirse a “la bestia” y hacer que los lleve a Estados Unidos. En menos de media hora se reparte todo esto que les lleva algo más de tiempo preparar, desde la recolección, preparación y entrega de estos kilos de arroz, frijol, tortilla y agua, principalmente.

No están solas

Muchos han sido los personajes que se han sumado a esta noble causa, todos los días, las integrantes de Las Patronas van por la comida que algunas empresas han donado durante muchos años y así como la aportación de algunos particulares y el Gobierno, logran hacer una buena cantidad de comida y esperar a que pase el tren y darles ese apoyo que en una situación como la de los indocumentados, significa un poco de esperanza en el aún todavía muy largo camino que les queda por recorrer.

Aunado a esto, muchas organizaciones no gubernamentales (ONG) se han acercado a Las Patronas para apoyarlas, gente de todo el mundo ha llegado para ver qué más pueden hacer. Algunos otros han hecho ya varios documentales, cortometrajes y reportajes que han dado a conocer a Las Patronas en todo el mundo.

Los premios

Hay que saber que lo último que busca este grupo altruista es el reconocimiento de la gente, como ellas mismas han comentado en varias ocasiones, lo único que pretenden es ayudar al migrante de manera desinteresada. Sin embargo, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el Gobierno de México y la Fundación Don Sergio Méndez Arceo les han otorgado sus máximos galardones por esta labor que hacen. Varios estados de la república mexicana, España, Colombia, Puerto Rico o Estados Unidos han sido los lugares en donde se les ha invitado para contar cómo lo hacen y para demostrar que cuando se quiere, se puede; por eso son Las Patronas.

Sus detractores

A pesar de todo esto que les cuento, a lo largo de toda una vida de trabajo ha habido muchos que han estado en contra de su obra. El que al darles de comer provocan que se incremente el número de indocumentados, el decir que pertenecen a algún tipo de organización con intereses políticos o simplemente el hecho de decir que promueven la ilegalidad con estas acciones, han sido de los principales comentarios para intentar apagar esto que ellas hacen. Nada las ha detenido, nadie ha podido callar lo que ellas con su amor al prójimo han gritado en silencio, sólo con tender la mano a quien la necesite.

Y Donald Trump llegó…

En años anteriores, Las Patronas notaban en ciertas épocas del año un incremento en el número de adolescentes que tripulaban la bestia, las mujeres también fueron incrementando, pero muchas de ellas venían embarazadas tal vez con la idea de que sus hijos nacieran en Estados Unidos; pero no todas tenían a sus parejas, las violaciones son la razón de muchos de estos embarazos y los problemas para ellos no terminan allí.

Como todos sabemos, la época de Donald Trump representa una campaña repleta de promesas en torno a la expulsión de 11 millones de personas en una situación irregular, además de la construcción del muro fronterizo capaz de eliminar cualquier intento de ilegalidad; de esta forma dejó atrás lo que Barack Obama (su predecesor) que, aunque se le conocía como el “deportador en jefe”, había propuesto con una reforma migratoria bastante polémica desde su anuncio.

Lejos de aceptar la obvia relación de sus fuerzas armadas, con quienes se dedican a pasar a migrantes (los polleros), Trump afirmó siempre que la seguridad migratoria es un asunto de seguridad nacional, esta clase de manifestaciones constantes en la campaña fue, a decir de varios expertos, lo que le dio el triunfo definitivo al magnate neoyorquino.

Las detenciones se incrementaron un 38% desde su arriba a la Casa Blanca en comparación con el año anterior y aunque a decir suyo, defienden a América de la criminalidad, más de una vez se les ha relacionado con pasados racistas y xenófobos.

“Dios te bendiga, madre”

Con eso es con lo que Las Patronas se quedan, una bendición, esa que no se puede comprar con nada y que desde lo más profundo del corazón la da un migrante que ha conocido en persona lo que es la caridad, esa que tampoco se paga con nada más que con un “Dios te bendiga, madre”…

Muchas gracias

Figaredi #DonaldTrump #LasPatronas #Inmigración