¡Ay! La raza humana, capaz de anular el brillo que un astro mana. Se puede perder en su propia sombra, ¿será que destruya su casa? Mucho antes y más importante que cualquier país, está el planeta Tierra, así le llamamos, fue como empezamos a comprender cómo y dónde estamos parados, al menos iniciamos con la búsqueda de una respuesta, sin embargo, de un momento a otro terminó por pasar desapercibida la poca consciencia que teníamos (que solo algunos conservan) de lo que vivimos. Pareció haberse borrado de la mente humana o se nos modificó el concepto adquirido ya con otro la situación cambió, poco pudimos hacer, al parecer, para controlarlo. Así, sin esperarlo, un nuevo modelo de vida llegó, se dejaron atrás enseñanzas puras.

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Hablamos de evolución y de avances

Hoy día hablamos de avance, de evolución, .¿pero a qué nos referimos exactamente? Será que solo es el tiempo quien corre, que estamos detenidos a merced de nuestros propios errores. ¿De qué va la ciencia si se utiliza para la destrucción o el envenenamiento de los pueblos? No hace falta ser historiadores para conocer las causas antañas. Entonces, ¿no nos interesa? Esta parece ser la postura que toma el hombre para con las problemáticas a su alrededor, al no parecer afectar en directo pasa a un segundo, tercero, plano contemplativo, deja vilmente de importar. Otra cuestión que no se recuerda siempre, a cada segundo, es que cualquiera de nuestras acciones dejará huella y que, por mínima que sea, quizá lo preciso sea ayudar a borrarla antes que se convierta en un boquete que nos absorba.

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¿Realmente merecemos habitar estas tierras?

Más allá del dios, de la búsqueda de cualquier otro plano, de la contemplación senti-pensante, ¿qué nos otorga el placer de la vida? El mundo natural, rotundamente. A lo largo del existir humano se han intentado esclarecer las sombras de un pasado aparentemente desconocido, sin tener algo más que un montón de sugerencias, con estas surgieron opiniones, a su vez se fabricaron dogmas, conceptos que seguir, un personaje decidió ponerse al mando y la mayoría estuvo de acuerdo, quienes no, únicamente preferían otro rostro ahí arriba, un cuerpo diferente, pero al fin y al cabo, a partir de una necesidad de “guía”, el sometimiento llegó.

Primero hubo una deliberada erradicación de ciertas estructuras vivenciales que pasaron a ser consideradas parte de un ser humano antiguo, que carecía de lo “necesario” para enfrentarse a la modernidad, y luego, más grave todavía, algunos vieron el potencial negocio que tenían enfrente, se creo el dinero, vinieron la envidia y la avaricia, dos males que generaron penas que castigar, fue aún más necesaria la imposición de reglas, hubo otros que, como ahora, quedaron lejos de tomar un pedazo del tesoro por mínimo que fuera, vinieron la miseria, la desolación, la pobreza.

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El hombre comenzó a olvidar de dónde venía, comenzó a jugar un juego que podría enviarlo al deceso. Satisfacemos nuestras necesidades y otros lujos ciertamente innecesarios, el problema es que lo hacemos a costa de la estabilidad del mundo que nos da cobijo.

Islas de PET flotando en el océano

Hace más de quince años empezaron a salir a la luz noticias de este tipo, basura flotando en medio del océano y llegando a sitios prístinos. Nadie creyó, quizá, que la veracidad del hecho incrementaría con el paso de los años. Uno no piensa que la botella de donde toma refresco y que posiblemente enviará al cesto termine flotando en aguas internacionales, sin embargo, es así. Parece increíble pensar que las industrias sólo se preocupan por seguir innovando en productos que sacar a mercado, la bolsa y esas cosas, y que quizá nunca hayan tomado consciencia de sus propias acciones intentando mejorar el trato para con el mundo que les permitió crecer, que no sean ley la utilización de materiales no nocivos para el medio ambiente, luego para el hombre y la no permisión de producción de elementos inservibles a la postre, ese despilfarro tremendo e insensato, peligroso para el globo y sus habitantes.

Se dice que el más grande de todos los sedimentos se encuentra en el Océano Pacífico, polímeros plásticos por montones, cantidades que parecen extravagantes ciertamente fuera de la lógica y mucho más de los medios informativos, la realidad es que estamos acabando con nuestra propia existencia. ¿Valen más los pesos, dólares, euros y demás, que la vida? ¿Por qué no hacer una industria diferente? ¿Por qué no obligar a que la industria sea diferente? Ciertamente a nadie le convienen éste tipo de sucesos lamentables, sin embargo muy pocos parecen querer hacer algo para revertir la situación y darle, si es posible, un sentido coherente, apegado al verdadero bienestar humano y de los demás seres con quienes compartimos el sitio y a quienes, de a poco, arrebatamos más y más porciones donde poder crecer, alimentarse, procrearse y vivir. Pareciera que las bestias del bosque se esconden de nuestra vista, pero la realidad es que están muriendo. Exhorto al lector piense y medite acerca de la vida que vamos viviendo.

¿Quiénes son los más afectados?

Un problema global que nos incumbe, lastima, lacera a todos, es insulso dejarlo de lado, y olvidar nuestra propia culpabilidad en el acto. Somos nuestro verdugo, el demonio al otro lado del espejo. Víctimas afectadas sufriendo el despliegue de las consecuencias atroces de los actos que hemos cometido. De aquí al final no pararemos de mirar lo que nuestra actividad provocó y que quedará remarcado en las cicatrices internas de la Tierra, quizá sea propio que la madre naturaleza nos eche de su hogar, no valoramos aquello que tenemos, la vida se ha convertido en un proceso repetitivo donde los hombres son intercambiables, como fichas encima de un tablero, es deplorable. Presas de las invenciones, en realidad no queremos avanzar, tal parece que nuestra visión no es capaz de ello, mucho menos aún, nuestro entendimiento, en fin. #Contaminación #basura #Basura Oceánica