Ofelia Paredes es una joven venezolana que emigró con su familia exactamente hace un año, en agosto del año 2016. No habría pensado salir nunca de su país natal, per la crisis venezolana la obligó a el timón e improvisar un mapa diferente en su vida. Escogió #Houston porque su esposo es houstoniano. Sus padres, afroamericanos de Luisiana y Alabama, se mudaron a esa ciudad cuando tenían 20 años para estudiar en la universidad. Y ahí se quedaron. “Mi marido, un gringo atípico – explica Paredes - . Salió de su tierra atraído por el realismo mágico latinoamericano y con la excusa del español, primero y del petróleo después, postergó su estadía en Venezuela por casi dos décadas”.

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Los embates del huracán Harvey

Ahora en Houston este verano le ha tocado enfrentar otra calamidad: Harvey. Un huracán devastador, que ha provocado 47 muertes, inundaciones y daños materiales. La Casa Blanca dedicará inicialmente 6.000 millones de dólares para la recuperación, aunque según el gobernador del Estado de #texas, Greg Abbott, se necesitarán 125.000 millones de dólares para que la zona se pueda volver a poner de pie.

Houston: una torre de Babel

Para Ofelia, como para muchos inmigrantes, instalarse en Houston no fue fácil. “Houston es la cuarta ciudad más grande de los Estados Unidos y también una de las más diversas, destronando a New York en el año 2010 como una de las zonas metropolitanas importantes de mayor diversidad racial y étnica del país – explica Paredes - La torre de babel parece hacerse presente en cada rincón.

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Mi impresión, sin embargo, es que, pese a tanta variedad, la gente no se mezcla. Cada uno anda con los suyos y en lo suyo. Latinos con latinos, negros con negros, asiáticos con asiáticos, blancos con blancos. Cada quien un poco receloso del otro, siempre desconfiado y culpando – discretamente o a todas luces – al otro”. Para ella el racismo es sin duda una realidad.

La clave del éxito de los norteamericanos

Desde que llegó a Houston, Ofelia se pregunta cuál es la clave del éxito de Estados Unidos. Por qué es la potencia, la panacea, el país que hace tanto tiempo inspira el famoso y ansiado sueño americano. Poco a poco ha desmontado el mito, porque también allí hay irregularidades y muchas cosas no funcionan. “Tal vez #harvey esté a punto de arrojarme algunas pistas a mi interrogante – sostiene -, cuando veo que esta masa amorfa e irregular de gente se ha transformado y, como si se tratase de hormigas de un hormiguero, guiadas por el instinto, se unen todas y se ponen a trabajar organizadas y coherentes hacia un único y firme propósito: Salvar la ciudad, ayudarse unos a los otros, cuidar el bien común, que al final, será provechoso para todos”.

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Agrega que cuando ve “en esta situación de emergencia y de vulnerabilidad, el color, el idioma, la nacionalidad, los papeles en regla, dejan de ser barreras insalvables para momentáneamente disiparse mientras se sale del entuerto en el que la naturaleza nos ha puesto”.

Un galón de leche

Para Paredes, que como venezolana conoce de riesgos, Harvey ha sido una sorpresa. El miedo de que el rio cerca de su casa se desbordara no la dejó dormir. Y desde hace casi una semana está encerrada en casa.

Su vecina, a la que escasamente ha visto en un año dos o tres veces, y cuyo saludo se reduce a una mueca parca, se ha acercado a tocarle la puerta para regalarme un galón de leche. El huracán las ha acercado. “En el mercado están racionando los productos por la contingencia – explica la venezolana residente en Houston - y ella se ha recordado que tenemos una hija pequeña y ella ha decidido compartir porque sabe que la leche es importante para los infantes, entonces empiezo, creo, a dilucidar, dónde radica la clave del éxito. Creo que Harvey el huracán vino a enseñarme la otra cara de esta sociedad”.