El próximo domingo se celebrará en Nueva York la que ya ha sido calificada como la marcha contra el cambio climático “más grande de la historia”. Sea así o no, lo cierto es que todavía no se ha celebrado. No obstante, todo parece indicar que será una concentración sin precedentes. En cualquier caso, merece la pena preguntarse, ¿qué pasará después?

Es decir, al día siguiente se celebra una cumbre de la ONU, dedicada al calentamiento global y al cambio climático. Allí irán los líderes mundiales de prácticamente todo el mundo. Hablarán y hablarán, algunos exigirán a otros que cumplan sus compromisos y otros seguirán sin cumplirlos.

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Eso sí, las buenas intenciones que se oigan, que suenen alto y claro.

Aclarémonos. No es que la protesta vaya a ser inútil o no tenga sentido. Al contrario, es necesario protestar y llamar la atención sobre este terrible problema. Sin embargo, hay un problema de sordera por parte de los líderes mundiales, muchos de los cuales solo son líderes de cara al escenario. Los directores de la obra serán, como siempre, las grandes empresas multinacionales que más emisiones emiten y que peor tratan el clima.

De este modo, “líderes” de la talla de Barack Obama asistirán a la conferencia de la ONU sobre el cambio climático no en nombre de los intereses del pueblo estadounidense, sino de las empresas contaminantes a las que el gobierno de Estados Unidos representa.

Las medidas necesarias para combatir el cambio climático, para reducir el calentamiento global, no se tomarán el lunes, tampoco el martes ni por muchos de los líderes que se reunirán allí.

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Sencillamente, ellos son piezas del sistema diseñadas para que tales cosas no ocurran. No sirven a los pueblos, sino a los gigantes del mercado.

Desde este punto de vista, la senda para disminuir el calentamiento global y frenar el cambio climático está en un cambio de sistema profundo, que le dé la vuelta a las relaciones de poder, actualmente basadas en el poder económico. En cualquier caso, la marcha de Nueva York, si efectivamente es la más grande de la historia, será un augurio de que la balanza del poder se inclina hacia la mayoría, la cual sí quiere y puede poner freno a los intereses carroñeros que subyugan al mundo, el clima incluido.