La presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores y el liberal Aécio Neves, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña, disputarán el segundo turno de las elecciones brasileñas, el próximo veintiséis de octubre. La gran derrotada de esta primera ronda es Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño, que coqueteaba con el triunfo hace unas semanas, según los sondeos, pero que acabó despeñándose en una caída inusitada.

Cuando se habían contabilizado algo más de noventa y tres por ciento de los votos emitidos, Dilma Rousseff había logrado algo más del cuarenta por ciento de los votos mientras su rival en la segunda vuelta estaba rondando el treinta y cuatro por ciento de apoyos.

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Silva, la tercera en discordia, apenas llegaba al veintiuno.

Hace un mes las encuestas daban como segunda fuerza al Partido Socialista Brasileño de Marina Silva, que ahora ha quedado fuera de una carrera en la que solo caben los dos mejores.

Nadie se ha sorprendido por la victoria de Dilma Rousseff, de hecho se daba prácticamente por asegurada en un panorama en el que el partido de la actual presidenta no tenía nada que temer en estos comicios, pues se asumía que entre el Partido de la Socialdemocracia Brasileña y el Partido Socialista Brasileño se repartirían los votos mientras el Partido de los Trabajadores esperaba a una segunda vuelta donde comenzaría realmente el combate.

La sorpresa ha sido el caso de Neves, que además ha quedado muy cerca de Dilma Rousseff. Esto en parte puede deberse a que las fuerzas del partido de los Trabajadores se han centrado en la tercera en discordia, candidata que hace alrededor de mes y medio comenzó a subir en las encuestas y que fue en su momento tomada por el partido de Rousseff como el máxima oponente y enemigo a batir.

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Tan buenos han sido en ese trabajo que han reforzado al tercero en discordia. Ahora Aécio Neves está listo para la batalla y, muchos se temen, con parte de los apoyos que el Partido socialista brasileño ha perdido por el camino.

Ahora empieza la hora de la verdad y en poco tiempo sabremos quién dirigirá la vida de los brasileños en los próximos cuatro años.