Estos últimos meses están siendo especialmente duros en la relación entre el Presidente de los Estados Unidos y algunas minorías étnicas de cierta importancia en el país. A pesar de ser un presidente que ha logrado una aceptación muy grande y que llegó a la Casa Blanca con la clara intención de hacer que las cosas cambiasen y lo hicieran a mejor, unos votantes que han decidido sistemáticamente entregar las cámaras al Partido Republicano le han dificultado mucho llevar adelante una serie de leyes que representaban los pilares de su modelo de estado para los Estados Unidos.

Sin embargo, por más que resulte comprensible la falta de avances en su política interior, el desapego sigue campando a sus anchas entre los principales grupos de apoyo.

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Uno de estos grupo, muy tendente hacia el Partido Demócrata desde un punto de vista histórico, es la población de origen hispano. Y es precisamente en este grupo de población donde mayores daños está sufriendo últimamente la imagen del cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos un mayor desgaste, pues es donde las promesas más personales e íntimas de la población han sido incumplidas.

La comunidad hispana es la que con mayor virulencia sufre de la falta de igualdad en el país, pues a la discriminación que todos los que no son blancos o ricos sufren, se añade las continuas amenazas de deportación. Son americanos. No viven en otro continente, no fueron traídos como esclavos hace doscientos años y no pueden ser tratados como si fueran extraterrestres. Viven al otro lado del Río Grande, se puede ver su rostro desde la rivera norte del río.

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Están a menos de un kilómetro, en el oeste podrían cruzar andando la frontera si no fuera porque pueden ser tiroteados. Trabajan cada día en los trabajos que los blancos no quieren, cuidan a sus ancianos, limpian sus casas y sirven sus Whoppers, pero se les indica que el día que no se les necesite se les lanzará de vuelta a donde pertenecen.

Hubo un día en que Obama les convenció de que eso cambiaría gracias a él. Un día en el que cada discurso era una ovación y cada visita era recibida con un caluroso aplauso. Eso acabó. Sigue siendo el candidato demócrata y posiblemente sigan apoyándole, pero hace mucho que el "Yes, we can" dejó de funcionar. Ahora muchos piden que se deje de poder y empiece a hacer.