Brasil decidió ayer que Dilma Rousseff siga en el gobierno del país. El Partido de los Trabajadores (PT), encabezado por la presidenta Rousseff, obtuvo 51,62% de los votos en las elecciones presidenciales celebradas ayer, frente a 48,38% obtenido por el Partido de la Socialdemocracia de Brasil, dirigido por Aécio Neves.

Rosseff ya obtuvo su primera victoria en 2010, gracias a la cual llegó al Palacio de Planalto, sede del ejecutivo brasileño. Su primer mandato se ha caracterizado por mantener una línea continuista con respecto a las políticas sociales iniciadas por su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, las cuales se encuentran dirigidas, principalmente, a acabar con males endémicos del país, tales como las desigualdades entre ricos y pobres, la pobreza extrema y la pobreza infantil.

No obstante, la línea continuista de Dilma Rousseff no se ha limitado a seguir el camino marcado, sino que ha profundizado en estas políticas, perfeccionándolas y llevándolas más allá. Este es el caso del programa “Mi Casa, Mi Vida II”. La primera fase de este fue iniciada por Lula da Silva en 2009 con el objetivo de acabar con las favelas, para facilitar así el acceso a una vivienda para las personas que viven en estas. El objetivo de Lula era construir un millón de viviendas. Rousseff no solo ha aumentado el número de viviendas a construir, sino que también ha incidido en mejorar la calidad de las ya construidas.

Otro interesante ejemplo, desde este punto de vista, es el programa “Beca Verde”. Este fue lanzado por el gobierno de Dilma Rousseff en 2011. Se trata de un complemento al programa “Brasil sin Miseria”, también lanzado durante el primer mandato de la presidenta. Este segundo programa está destinado a acabar con la extrema pobreza. Y, en esta línea, el programa “Beca Verde” es una subvención directa para los más pobres, para que preserven la selva de la Amazonia brasileña. En este caso, se combina una política social con una ecológica.

Pero el programa “Brasil sin Miseria” tiene una particularidad que pone de manifiesto la voluntad política de acabar con la pobreza del país. En efecto, no está diseñado para que la gente pobre reclame al Estado las subvenciones que le correspondan en virtud del programa, sino que es el Estado mismo el que va en busca de la gente pobre para otorgarle estas ayudas directas a la renta.

Finalmente, en esta línea de continuidad y perfeccionamiento de las políticas de Lula da Silva, hemos de situar el programa “Brasil Cariñoso”, lanzado por el gobierno de Rousseff en 2012. Se trata de una continuación del programa lanzado por Lula, “Bolsa Familia”. Este era una asignación económica mensual para las familias más pobres. El programa lanzado por Dilma Rousseff añade una subvención mensual extra de $33 por cada niño menor de seis años.

En definitiva, el voto brasileño ha ido de nuevo hacia el Partido de los Trabajadores, esto es, hacia las políticas que están acabando con la pobreza, la extrema pobreza, la pobreza infantil y la desigualdad en Brasil.