Desde hace más de cinco décadas Cuba es víctima de un bloqueo comercial, económico y financiero impuesto por Estados Unidos. Se trata de una política iniciada en 1962 por John F. Kennedy, que se ha mantenido a lo largo de los años, con diferentes gobiernos demócratas y republicanos, prácticamente inalterada.

Esta política siempre ha supuesto un grave perjuicio para la isla, sobre todo desde la caída de la Unión Soviética, el único socio comercial que tenía Cuba a principios de los 90. Tal y como señaló en su discurso en la ONU el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, Ministro de Asuntos Exteriores de Cuba, "los daños económicos acumulados, enormes para una economía pequeña, alcanzan un billón ciento doce mil quinientos treinta y cuatro millones de dólares".

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La inmensa mayoría de los países votaron abrumadoramente a favor de poner fin al bloque contra Cuba, excepto Estados Unidos e Israel, que votaron en contra, y Palau, Micronesia e Islas Marshall, que se abstuvieron. En total, la propuesta de Cuba obtuvo un total de 188 votos a favor. Prácticamente todo el mundo está en contra del bloqueo que Estados Unidos mantiene contra Cuba.

Pero no solo la comunidad internacional ve el bloqueo contra Cuba con malos ojos. En efecto, dentro de las fronteras de Estados Unidos cada vez son más voces las que se posicionan en contra del bloqueo. La opinión pública, medios de comunicación como The New York Times y The Washington Post o por figuras de la política como Hillary Clinton. Como destacó el canciller cubano en su discurso en la asamblea de las Naciones Unidas, "son conocidos los sondeos de opinión que muestran el apoyo creciente y mayoritario de absolutamente todos los sectores de la sociedad norteamericana al levantamiento del bloqueo y a la normalización de las relaciones bilaterales".

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Además de destacar que el bloque no estaba justificado, pues Cuba no supone peligro alguno para Estados Unidos, puso de manifiesto el hecho de que se trataba de una política definitivamente fracasada. En efecto, este bloqueo se impuso con el objetivo de que el propio pueblo cubano derrocara el régimen socialista de Fidel Castro. Sin embargo, tal y como afirmó Rodríguez Padilla en su discurso, "Cuba nunca renunciará a su soberanía ni al camino libremente escogido por su pueblo para construir un socialismo más justo y eficiente, próspero y sostenible".

En definitiva, como señaló The New York Times tras la votación de la ONU, Estados Unidos se posiciona así contra el mundo, quedándose completamente solo en una batalla que está perdida desde hace mucho tiempo y que a estas alturas, y después de finalizada la Guerra Fría, carece completamente de sentido.