Brittany Maynard puso fin a su vida el pasado sábado en su propia casa, tal y como lo había planeado. Tenía 29 años de edad, estaba felizmente casada y amaba viajar. Sin embargo, en enero le diagnosticaron un cáncer cerebral. Llevaba un año casada y unos fuertes dolores de cabeza le obligaron a ir al médico. Este avanzó con suma rapidez y los oncólogos le informaron de que no le quedaban más de unos meses de vida. Esos meses no serían nada idílicos, sino justo lo contrario, estarían llenos de dolor y sufrimiento conforme la enfermedad fuera avanzando.

Brittany, una chica joven y llena de vitalidad, no vio con buenos ojos ese cruel camino, así que optó por darle a su vida un final digno y feliz, dentro del marco desgraciado que le pudor suponer ser diagnosticada de un cáncer terminal.

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Era un final digno, porque adelantaría la fecha de su muerte, para que se produjera antes de que se iniciara el dolor y el sufrimiento que iba a provocarle, sí o sí, la enfermedad. Y fue un final relativamente feliz, porque pudo aprovechar sus últimos momentos de vida para hacer lo que más le gustaba: viajar y estar con su familia. Desde luego, si hay un más allá lleno de almas de difuntos, la mayoría de estos pobres desgraciados estarán muertos de envidia.

Pero aparte de esta historia cargada de componentes emocionales, hay una cuestión de fondo, de carácter filosófico que tiene repercusiones prácticas. La cuestión filosófica es si la eutanasia está justificada desde un punto de vista ético. Y la respuesta a esta pregunta puede condicionar nuestro código jurídico, de tal manera que la práctica de la eutanasia esté despenalizada, parcialmente penalizada, totalmente penalizada, etc.

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Este es un debate amplio y fecundo, que suele abrirse con cierta frecuencia, sobre todo en casos como el de Brittany. Ella se vio obligada a mudarse a Pórtland, Oregón, donde la eutanasia no está penalizada. En este estado un enfermo terminal puede poner fin a su vida sin que exista un peligro legal para nadie.

Aquí las respuestas están encontradas, tanto por lo que respecta a la cuestión ética, como a la cuestión legal y sus posibles repercusiones. Hay que aclarar que “eutanasia” es un término que estamos aquí utilizando en un sentido genérico: hay muchos tipos de eutanasia: por ejemplo, algunos cuidados paliativos pueden adelantar la muerte, esta es la eutanasia indirecta. También hay dos tipos de eutanasia directa: en un caso, consiste en provocar la muerte de modo directo, tomando algún tipo de fármaco. Este fue el método utilizado por Brittany. Esta es activa. La eutanasia directa pasiva consiste en que el paciente suprime los medicamentos que le mantienen con vida.

En general, el debate tiene como raíz el modo en que la dignidad humana se entiende, pues tanto los detractores de la eutanasia como sus defensores invocan este concepto para defender sus puntos de vista. Los detractores de la eutanasia sostienen que el ser humano es digno por naturaleza, es decir, la dignidad forma parte de su esencia.

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Para los defensores de la eutanasia, el ser humano tiene dignidad. Para los primeros, digno es afrontar la muerte tal y como llega y recibir ayuda para afrontarla (cuidados paliativos); para los segundos, la muerte digna es la que se elige para evitar el sufrimiento y el padecimiento de una muerte dolorosa.