No es una cantante, tampoco se pasea como modelo en una pasarela ni es una prometedora actriz, y aunque es una de las millones de jóvenes con un bonito rostro -lo cual no la convierte en nada especial- esta joven australiana en apenas año y medio pasó de ser una chica que compartía instantáneas con sus amigos a través de Instagram. La chica, de nombre Indy Clinton, seguramente no soñó jamás con alcanzar no la fama sino el sitial que ocupa hoy en día dentro del mundo empresarial dedicado a la venta de productos para personas de 15 a 26 años.

Fotos sencillas que comparte con sus amigos, surfeando, paseando el perro o compartiendo momentos con sus amigos, a lo que el lector pensará con justificada razón que eso lo hacen todos y a todas horas en casi cada rincón del mundo, así que la pregunta es ¿qué tiene de especial una bonita joven sonriente que comparta fotos? ¿Qué puede tener para que las empresas se peleen por ella y le paguen la nada despreciable cifra de 600 euros o 750 dólares por una instantánea? Pues no hay truco, ni trampa, tampoco es una cuestión de suerte, la fórmula mágica para que en menos de dos años esta chica cobre tanto por un selfie va acompañada de una cifra que la convierte en el centro de las miradas de decenas de empresas que le pagan para que promocione sus productos.

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Esa cifra es la cantidad de amigos que Indy tiene en su red social y que es de casi 60 mil amigos que comparten con ella un estilo de vida, como actividades al aire libre, el surf, la playa y son todas personas entre los 15 y 25 años de edad que además consumen y se visten siguiendo un estilo determinado, algo que para las empresas del sector significa un mercado muy apetecible, desde aquellos que venden tablas de surf o trajes de neopreno para las mismas, o los bikinis que luce Indy en sus fotografías.

Es así como las empresas ven en la joven un potencial punto de referencia para vender sus productos. Y ese es su mayor mérito: 60 mil seguidores que pueden ser prescriptores de la ropa que ella viste, de pasar a compartir fotos "porque sí" la joven estudiante ha pasado a cobrar 600 euros por lucir prendas de diversas firmas, pero además no se ha quedado esperando las firmas sino que una agencia de representación se hace cargo de negociar mientras ella sigue disfrutando su vida normalmente y haciendo lo que más le gusta, selfies en solitario o con sus amigos la Chic Blogger Management se encarga de todo, incluso de buscarle mercados fuera de Australia, al tiempo que Indy se hace cargo de lucir las prendas o tablas de surf que aquellos que le pagan por sus selfies le proporcionan.

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Aquello que comenzó como diversión y espontaneidad hoy es para la joven y su familia un negocio floreciente que no ha sido cuestión de suerte sino de haber cultivado una cantidad de amigos que le han dado sin pretenderlo una vida diferente. En el mundo hay millones de personas buscando la misma oportunidad, pues deben saber que no es cuestión de suerte sino de hacerse amigos por un lado y por otro que las empresas lo vean como ese puente necesario para ampliar su nicho de mercado. ¡Ah, por supuesto! Eso y colgar selfies que luego tus miles de amigos comenten y compartan. #Tendencias