Ayer 9 de noviembre se celebró la consulta por la independencia de Cataluña. El voto a favor de la independencia salió vencedor. Más del 80% de los votantes dijeron "sí" a que Cataluña sea un estado y "sí" a que dicho estado fuera independiente. Tanto la participación como los resultados han superado las expectativas de los independentistas, a la vez que han sorprendido a los partidos que avalaban el voto contra la independencia.

Ahora, a la luz de los resultados, es evidente que, en primer lugar, el pueblo catalán demanda un proceso democrático, un referéndum. Desde este punto de vista, los resultados constituyen una amonestación tanto para los partidos políticos contrarios a la independencia, como para el Gobierno de España y el Tribunal Constitucional.

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La participación, de más del 35%, ha sido inferior en que en comicios anteriores, sin embargo, hay que tener presente que en este caso la consulta no era vinculante. El Tribunal Constitucional había vetado este camino en dos ocasiones. Esto quiere decir que la participación en este caso no puede ser comparada con la participación en otras elecciones, que sí que son vinculantes.

Sin duda alguna, tales resultados tendrán consecuencias políticas, tanto en el gobierno central español como en el marco político de la región de Cataluña. Para empezar, tanto el nivel de participación como el voto mayoritario a favor de la independencia obligan al presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, a negociar en diferentes condiciones a las que ha venido haciéndolo hasta ahora.

Por otra parte, Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya se puede ver abocado a convocar unas elecciones autonómicas anticipadas, las cuales adquirirían, dadas las circunstancias, un carácter plebiscitario.

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Desde esta perspectiva, esta es la demanda incesante de Oriol Junqueras, líder de ERC(Esquerra Republicana de Catalunya), el partido que según las encuestas ganaría unas elecciones anticipadas.

Sea como fuere, la votación realizada en Cataluña por su independencia supone un cambio drástico de escenario para la política española e incluso la europea. Ahora se abre un nuevo tiempo en el que tendremos que estar al tanto de lo que ocurre en el país europeo. ¿Quién sabe? Tal vez, en un futuro no muy lejano, en los mapas del mundo, aparezca un nuevo pequeño país llamado República de Cataluña o algo similar.