Luego de las protestas llevadas a cabo en el Distrito Federal que reclamaban justicia en el caso de los estudiantes normalistas desaparecidos el pasado 26 de septiembre en Iguala, Guerrero, en cuyas acciones un grupo de manifestantes incendió la puerta del Palacio Nacional, se dio a conocer que el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional, viajó a una reunión de negocios, a pesar de que los legisladores le recomendaron no ir a la República Popular China por el momento crítico en el que se encuentra México.

El avión presidencial que se dirige al país de oriente tuvo que realizar una escala técnica en Rusia, después de casi 17 horas de vuelo para recargar combustible.

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El presidente junto con su esposa la actriz de Televisa, Angélica Rivera, se dirigen a la reunión con principales políticos chinos, entre ellos Xi Jinping, el presidente; Li Keqiang, el primer ministro, y Zhang Dejiang, presidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional.

Dentro de las acciones que realizará el presidente de la nación en la cumbre que se celebrará en China con motivo de la reunión de líderes y representantes de los países miembros del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, se incluyen la cooperación bilateral, donde se estima analizar el futuro próximo respecto al establecimiento del intercambio comercial y cultural entre naciones, en donde los mandatarios de ambos estados socios evaluarán el cumplimiento de negocios avalado en la Declaración Conjunta México-China firmado en 2013.

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Sin embargo, y a pesar de la marcha denominada 43x43 que busca sensibilizar a la clase política y a la comunidad en general -y que asimismo exige la aparición con vida de los normalistas de Ayotzinapa que fueron raptados por elementos policiales de Guerrero-, no obstante el largo itinerario que realizaron desde Iguala hasta la ciudad de México, es evidente cuáles son las prioridades de la clase política mexicana que se encuentra en las altas cúpulas del #Gobierno mexicano, muy por encima del reclamo popular que supuestamente debe acatar como premisa fundamental en un país que se precia de ser democrático.