Hoy es el Día Mundial de la Filosofía, una actividad que se inició en la Grecia Clásica hace ya más de 27 siglos. Lo cierto es que esta disciplina es una de las grandes desconocidas, por ello hoy vamos a acercarnos a ella, para conmemorar que es su día. Para ello vamos a hablar de tres pensadores fascinantes y poco conocidos.

Ludwig Wittgenstein. Bueno, es uno de los filósofos más importantes de los últimos doscientos años y, con toda seguridad, uno de los más significativos de toda la historia del pensamiento occidental. Era una especie de lógico mezclado con místico, un auténtico personaje, considerado un gurú.

En su haber, tiene el mérito de haber creado dos filosofías totalmente contrapuestas, siendo la segunda crítica con respecto a la primera. Además de ser un filósofo de primera categoría, destacaba en prácticamente todo lo que hacía, desde componer una canción para piano, hasta diseñar motores de avión.

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Kurt Gödel. Filósofo, lógico y matemático austriaco, al igual que el anterior. Uno de sus grandes hitos fue demostrar que la matemática no podía ser completa y consistente a la vez. Demostró que si una teoría matemática era consistente, es decir, que no contenía falsedades, entonces era incompleta. Pero si era completa, entonces contenía falsedades.

Además de eso, está relacionado con una curiosa anécdota. Cuando llegó a Estados Unidos, huyendo de los nazis, solicitó la nacionalidad y fue sometido a un examen. Estudió la Constitución del país y descubrió una contradicción en virtud de la cual Estados Unidos podría convertirse en una dictadura. Estuvo a punto de comunicarle esto al juez, sin embargo, este se percató e impidió que siguiera hablando, dando por concluida la prueba.

Inmanuel Kant.

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El filósofo de la imagen. Este destaca por no haber protagonizado ningún hecho especialmente destacable a lo largo de su vida, lo cual no deja de ser un tanto paradójico. En cualquier caso, fue un profesor de universidad normal y corriente, propotípico, que siempre vivió en su ciudad natal, Königsberg, la actual Kaliningrado. Es más, se cuenta que tenía unos hábitos tan arraigados que sus vecinos ponían el reloj en hora cuando lo veían dando su paseo matutino.