Según el Papa Francisco, "la vida humana es sagrada". Él sabe eso porque mantiene contacto directo con Dios. Desde su punto de vista, uno debería estar vivo hasta el final, sin adelantar la muerte, sin quitarse la vida, aunque la vida que a uno le espere esté plagada de dolor físico, sufrimiento y, en definitiva, de una lenta degeneración física y mental que acaba con la muerte del individuo. La santidad de la vida exige este padecimiento.

Igualmente, la santidad de la vida exige, si hemos de seguir las palabras del Papa Francisco, que una mujer que ha sido violada y que se ha quedado embarazada tenga que llevar adelante dicho embarazo, sin importar no solo que suponga un riesgo para la vida y la salud de la madre (todos los embarazos son arriesgados para la madre), sino también que sea una pesada carga psicológica que no se desea soportar,

Según el punto de vista del sumo pontífice, detrás de la concepción del aborto "como ayuda a la mujer" y de la eutanasia "como un acto de dignidad" hay una falsa compasión.

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A este respecto, se refiere a los médicos que realizan estas prácticas, quienes en su opinión deberían negarse a realizarlas.

Lo realmente compasivo para el santo padre es que una mujer que se ha quedado embarazada, lleve a término su embarazo, aunque los médicos le hayan asegurado que tiene muchas posibilidades de morir o de enfermar o que el bebé nacerá con graves problemas, etc. Esto es ser compasivo para el Papa Francisco: condenar a las mujeres a soportar esta carga.

También sería compasivo dejar morir de forma lenta y dolorosa a alguien que nos pide la muerte a gritos, porque sabe que de todas maneras morirá. Brittany Maynard decidió evitar que su cuerpo se deteriorara, padecer dolores insufribles y una progresiva degeneración física y mental. Su enfermedad la llevaba irrevocablemente a ello.

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Sin embargo, el Papa Francisco está convencido de que esto fue un error.

En opinión del sumo sacerdote de la Iglesia Católica, Brittany debería haber padecido todo este dolor y sufrimiento, mientras que sus médicos, amigos, familiares y cuidadores veían cómo se iba consumiendo. Esto sería, según el punto de vista del religioso, genuina compasión.

En fin, esta es la opinión del Papa de Roma. Esperamos que no tenga mayor repercusión, pues lo cierto que es que esta visión de las cosas es bastante dogmática y desesperanzadora, además de estar avocada a condenar a las personas a sobrellevar el sufrimiento y padecimiento que, gracias a los avances de la ciencia moderna, es posible evitar.