Este domingo se cumplió el trigésimo quinto aniversario de la publicación de uno de los álbumes más importantes de las historia del rock: The Wall, de la banda de rock progresivo Pink Floyd.

Pink Floyd había alcanzado altísimas cotas de éxito mundial desde principios de la década de los setenta con dos de sus trabajos más conocidos, The Dark Side of the Moon y Wish You Were Here. Sin embargo, la publicación de Animals en 1977 pareció acreditar que el modelo se estaba agotando y que había un cambio en el público, que empezaba a abandonar la psicodelia para adentrarse en las aguas más turbulentas del naciente punk.

Roger Waters, que iba teniendo cada vez más peso creativo en la banda desde la salida del primer cantante Syd Barret construyó el concepto y la mayoría de las canciones que luego serían el doble álbum The Wall.

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Llamó a Bob Ezrin, productor de Alice Cooper y les propuso a los demás restantes de la banda si aceptaban grabarlo tal como él lo había imaginado o si, por el contrario, preferían que él hiciese un disco en solitario. La banda aceptó con ciertas renuencias que acabaron trayendo la expulsión del teclista Richard Wright.

Las tensiones continuaron durante los tres meses de grabación. Se utilizaron tres estudios distintos, orquestas y coros. Pero el resultado fue final fue de primera magnitud y les volvió a relanzar al estrellato.

Precisamente ese estrellato mal digerido es una de las temáticas del disco que narra la caída a los abismos de una locura de una estrella del rock incapaz de sobrellevar el peso de la fama, abusando del alcohol y las drogas, obsesionado por la pérdida de su padre y por una figura materna excesivamente omnipresente.

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Tales eran también las angustias que atormentaban a Waters que creó casi una obra autobiográfica.

El grupo, en todo caso, saborearía el éxito por última vez y los lazos que se habían ido rompiendo entre sus miembros no se reconstruyeron. De hecho el distanciamiento derivó en procesos judiciales y no volvieron a tocar juntos hasta 2005, apenas unas canciones en un festival benéfico.

Para entonces The Wall y su versión cinematográfica ya se habían convertido en iconos del siglo XX. #Música