Para conocer el Museo Soumaya Plaza Carso en el Distrito Federal no hay que madrugar, algo que se agradece cuando el viajero de turismo o de negocios lleva inquietudes gastronómicas o deseos de dormir "a gusto", como se dice en México. Así las cosas, es posible desayunar con calma degustando unos chilaquiles en salsa verde o roja y llegar sin prisas hacia las 10:30 a. m.

A partir de esta hora, de manera gratuita y durante todos los días de la semana, abre sus puertas al público la inmensa colección de #Arte atesorada durante años por el empresario Carlos Slim Helú, ahora al alcance de quien quiera maravillarse con sus cerca de 3 mil piezas.

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La primera impresión que produce el edificio del museo es la de estar en presencia de algo más que un espacio para el arte.

El escritor Mauricio Aranguren Molina dice que el Soumaya es en sí mismo una verdadera experiencia arquitectónica. Su estructura asimétrica de color plata de 17 mil metros cuadrados, y su fachada, vestida de cientos de pequeños hexágonos, semeja la imagen de un panal futurista. La obra fue construida por Fernando Romero, un experimentado arquitecto que ha trabajado con grandes como Jean Nouvel.

Las seis plantas de exposición del Soumaya ocupan entre 6 mil y 7 mil metros cuadrados, según explica el curador Héctor Palhares, y reciben un promedio de 2 mil visitas diarias. En el primer piso, los espacios están ocupados únicamente por seis piezas, todas monumentales: un inmenso cuadro del mexicano Ruffino Tamayo -Naturaleza muerta de día y de noche- y dos Murales de Diego Rivera.

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Al lado derecho se ubica una escultura italiana del siglo XIV, y al fondo, las obras más buscadas: La Piedad (o Pietá) de Miguel Ángel Bounarroti, y la estrella de Soumaya: El Pensador, de Auguste Rodin. Estas dos últimas son originales múltiples, es decir, piezas hechas a imagen y semejanza del molde original, y sólo se conocen 12 réplicas exactas ubicadas en diferentes países del mundo.

Al entrar al museo, la principal recomendación es subir en ascensor hasta la sexta planta y recorrerlo de arriba hacia abajo. Allí, en el sexto piso, está la sala Julián Slim y Linda Helú, con 1.200 metros cuadrados dedicados a la escultura, en la que es considerada la colección más importante de Auguste Rodin fuera de Francia.

En la quinta planta puede admirarse el arte de las culturas mesoamericanas y del México de comienzos del siglo XX, con Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros a la cabeza. De la cuarta planta hacia abajo, el Soumaya es mucho más ecléctico, variado y sorprendente, si bien predominan piezas que van del siglo XIII al XX, podemos encontrar desde obras y piezas de Renoir, Monet, Pissarro, hasta obras de pintores novohispanos como Rubens, Tintoretto o Van Dick.

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En síntesis, podríamos decir que el museo Soumaya es una experiencia completa, un espacio en continua evolución donde se mira al pasado en diálogo con un entorno futurista. Sin duda se trata de uno de los mejores planes dentro de la amplísima oferta cultural de la capital mexicana. #Educación