Este fin de semana, mientras los estadounidenses celebraban su fiesta de Acción de Gracias, falleció en Broolkyn a los 80 años, Mark Strand, una de las figuras literarias más importantes de la poesía americana del siglo XX.

Mark Strand se trasladó a Nueva York a tratarse un cáncer que afectaba a la grasa de las células, pero residía en España donde trabajaba su pareja, una marchante de arte de una conocida galería madrileña. Strand adoraba España, las largas sobremesas en las tabernas, las tapas y los toros. Era uno más de estos exiliados estadounidenses que a partir de Hemingway descubrieron una cierta esencia de vida primigenia en los países mediterráneos.

Previamente, Strand había viajado por todo el mundo. Ya de niño pasó su infancia saltando de ciudad en ciudad y de país en país, siguiendo los frecuentes traslados de su padre, un alto directivo de una compañía de refrescos. Fruto de estos viajes fue su aprendizaje del castellano lo que le facilitó acercarse a la obra de Octavio Paz o Rafael Alberti. A ambos los traduciría y con Octavio Paz mantendría una gran amistad a lo largo de los años.

Strand tuvo una temprana vocación de pintor. Admiraba a los grandes genios surrealistas como Max Ernst o Giorgio de Chirico y se matriculó y terminó la carrera de Bellas Artes. Pero una vez terminada esta sintió el aliento poético y se dedicó a partir de entonces sobre todo a la poesía. A pesar de ello siempre mantuvo una relación muy cercana a la pintura y fruto de esta fue, por ejemplo, su ensayo sobre el paisajista urbano Edward Hopper por el que sentía una honda admiración.

Gran conocedor también de la poesía italiana, tras estudiar un año allí por medio de una Beca Fulbright, también tradujo a Dante Alighieri.

Es conocido como el poeta de la nostalgia, de la añoranza, y su estilo es una suerte de narración con toques de surrealismo, sin rima ni métrica y con un lenguaje muy concreto y elegido con gran perfección. De hecho, uno de sus editores en España, Chus Visor, afirmó que buscaba el “cálculo exacto de la palabra”. Strand deja poemas tan hermosos como “Durmiendo con un ojo abierto” o “El barco fantasma”.  #Libros